Todos los problemas del mundo

Tengo un amigo que podemos considerar un alma noble y preocupada por los demás. Es probable que usted también cuente con uno así. Ya sabe: alguien consagrado a la empatía en horarios de puesto de socorros de la Cruz Roja. Es decir, todo el tiempo, sin parpadeo ni descanso. Mi amigo asegura ser de sueño inquieto, porque los diversos males del mundo lo conmueven demasiado y le impiden dormir a pata suelta. Y por ello es un habitante perpetuo de las redes sociales, en las que publica sin pausa, como uno de esos antiguos teletipos de las agencias noticiosas dedicados a emitir despachos informativos todo el santo día.

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