Tiro a la favela, ¿deporte olímpico en Río 2016? | Planeta Futuro

Eran las dos de la madrugada y los chicos (uno de ellos militar) regresaban tras ver un partido de fútbol de su equipo, el Flamengo. Los cinco viajaban en un coche que cruzó sin problemas un primer puesto de control del ejército. Siguió avanzando y, de pronto, se escucharon los disparos. “No recuerdo nada. Sólo el ruido de los tiros. Y el dolor que sentí. Y la sangre, claro. Mucha sangre”. No sabe cuántas detonaciones se produjeron pero sí que sólo cesaron cuando su amigo, sargento de Aeronáutica, logró identificarse.

A Vitor le alcanzaron al menos dos balas de fusil. Una le dio en la columna vertebral y otra se mantuvo alojada en la parte posterior de su hombro y allí quedó durante varios meses después de ser operado y recibir el alta. Su madre nos la muestra envuelta en una bolsita de plástico. Él nos enseña los orificios de entrada, todavía visibles en su torso desnudo. Como consecuencia de los disparos, perdió la pierna izquierda y parte del pulmón izquierdo. Cuando llegó al hospital los médicos le dieron un 7% de posibilidades de sobrevivir. Lo consiguió, pero sólo después de pasar una semana en coma y más de tres meses en el hospital.

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