Superliga: La rutina que puede matar al fútbol | Es LaLiga en EL PAÍS

Se veía en los ojos de sus jugadores. En la excitación de su entrenador. Era la primera vez. La única, también, en la que el Granada CF pisaba una de las grandes catedrales del fútbol mundial, Old Trafford, para medir sus fuerzas ante el gigante Manchester United en cuartos de final de la Europa League. Un momento de orgullo para club y afición; jugadores con el ADN granadino frente a estrellas globales. La escena puede que no se repita nunca. La recompensa para un Granada épico que firmó su mejor campaña liguera ya es historia.

La Superliga promovida por 12 grandes clubes europeos pone en jaque la ilusión de las entidades más modestas y de los aficionados de todo el mundo por ver partidos de este nivel. También pasará a la historia, y al olvido, la pasión de 3.000 hinchas del Málaga CF en su viaje al Signal Iduna Park de Dortmund para escoltar a su equipo en los cuartos de final de la Champions League en 2013. O el esfuerzo de la localidad de Villarreal por mirar sin complejos a Londres en aquella semifinal de 2006 entre el Submarino Amarillo y el Arsenal. Aficionados del Granada, Villarreal CF o Málaga piensan que la Superliga entierra esta ilusión.

Esos momentos históricos y vivencias inolvidables forman parte de la memoria y la conciencia colectiva del fútbol español. Todos los aficionados a LaLiga, de cualquier rincón de España (y del mundo) y de cualquier equipo, han vibrado con las gestas de estos clubes. Las señas de identidad del Granada, Villareal o Málaga, o de Valencia CF y RC Deportivo, o de tantos otros, han viajado por toda Europa como un gran pilar de la marca España y el fútbol ha servido de escaparate mundial para sus ciudades.

Un sinfín de voces del fútbol, la política, las instituciones y la sociedad en general ven en la nueva Superliga una herida a la épica del deporte y a sus valores fundacionales. Gran parte de la comunidad futbolera (y de la no futbolera) muestra su rechazo a este cambio. Un modelo que puede convertir las grandes noches europeas, los duelos entre titanes, en simple rutina. Una rutina que puede acabar con los derechos televisivos de las competiciones domésticas (más partidos europeos y la falta de recompensa para los mejores clasificados en las ligas nacionales desplomarían su valor) y que puede afectar al desarrollo del fútbol desde sus niveles más básicos. Muchas entidades y sus seguidores ya se preguntan: “¿De dónde saldrán las nuevas estrellas? ¿Podría el fútbol dejar de existir tal y cómo lo conocemos? ¿Importa la opinión de los aficionados?”.

El Gobierno español ha mostrado su apoyo a LaLiga; el presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo ve una “amenaza a la solidaridad y el mérito deportivo”; el mítico entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, piensa que “hablar de la Superliga es apartarse de 70 años de fútbol europeo”, y el último campeón de la Champions, el Bayern de Múnich, defiende “una manera de trabajar más solidaria”.

Cuestión de Estado

El anuncio hizo tanto ruido que políticos y gobiernos europeos decidieron posicionarse. El vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Cultura y Educación, Margaritis Schinas, ha criticado la iniciativa al considerar que va en contra de la diversidad y la inclusión que históricamente promueve la Unión Europea. “No cabe reservarlo a algunos clubes ricos y poderosos”, ha escrito en su perfil oficial de Twitter.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, apoyó a los clubes de su país que, al menos por el momento, no se sumaron a la ‘nueva’ competición. El proyecto, según sostiene Macron en un comunicado, “amenaza el principio de solidaridad y los méritos deportivos”, y el Estado francés actuará para proteger la integridad de las competiciones federales, a nivel nacional y europeo.

Pero ha sido la voz del secretario de Estado para la Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del gobierno británico, Oliver Dowden, una de las más contundentes al rechazar el proyecto en el que se han embarcado seis clubes de la Premier League. Afirma que “el fútbol no es un negocio, sino que define a las comunidades en todo el país”, de que este proyecto “antepone la riqueza a los méritos deportivos”, y advierte de “la pérdida del patrimonio nacional”, del fin de la “sensación de pertenencia” o de la falta de “diálogo de los clubes con sus propios fans”. También el primer ministro británico, Boris Johnson, se ha posicionado en contra de la nueva competición y ha advertido de que hará todo lo posible por bloquear la participación de estos equipos.

El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, sostiene: “Nuestra preocupación es que LaLiga no se devalúe, que haya un acuerdo y no un choque de trenes que no es bueno para el fútbol, y que esto no afecte a la selección española”. Además, LaLiga es mucho más que fútbol. También apoya al deporte español en general a través del Pacto de Viana firmado con el Gobierno y la RFEF en abril de 2020. Con este acuerdo, la organización dirigida por Javier Tebas ha aportado más de 126 millones de euros para organizar la vuelta de los partidos tras el primer confinamiento y para rescatar a otros deportes federados.

Un aspecto de máxima preocupación para LaLiga, que calificó a la Superliga de “secesionista y elitista”, es la pérdida de valor de sus derechos televisivos y, por ende, de los ingresos de los clubes (sobre todo, los más modestos). LaLiga ve en este proyecto una amenaza al trabajo realizado durante los últimos años y un frenazo al gran despegue global del fútbol español y al futuro desarrollo de la competición.

Pero no ha sido la única organización deportiva en contra de este nuevo formato. Christian Seifert, CEO de la Bundesliga, el fútbol de élite alemán, ha dicho al medio de su país ZDF: “Los intereses económicos de unos pocos clubes punteros de Inglaterra, Italia, y España no deben dar lugar a la supresión de las estructuras establecidas en todo el fútbol europeo…”. En la misma línea, el Bayern de Múnich y el Borussia Dortmund no se han adherido a la Superliga.

La propia UEFA ha lanzado un comunicado junto a la Federación Inglesa de Fútbol y la Premier League, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y LaLiga, y la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) y la Lega Serie A en el que afirman que se esforzarán para “detener este falso proyecto, un proyecto que se fundamenta en el interés propio de unos pocos clubes en un momento en el que la sociedad necesita más que nunca la solidaridad”.

Jaque a los más pequeños

El Granada CF se ha sumado al rechazo unánime de la mayoría de equipos españoles al anuncio de una competición que, en su opinión, “supondrá una diferenciación aún mayor de los clubes con más trayectoria y recursos y, a su vez, privará a las demás instituciones con estructuras menos desarrolladas para alcanzar la élite”.

El anuncio del pasado domingo no solo amenaza con truncar el sueño de muchos clubes de aspirar a alcanzar nuevas metas sobre el verde sino también de privarles de los medios para hacerlo, al poner en peligro el sistema de negociación centralizado de los derechos televisivos. Una medida impulsada por LaLiga y aprobada por el Gobierno español en 2015, que ha disparado los ingresos para los inquilinos de la parte media y baja de la tabla como los nazaríes, que pasaron de embolsarse 7,4 millones de euros de las televisiones en la campaña 2018/2019, cuando estaba en la categoría de plata, a percibir 56,4 en el curso 2020/2021, gracias a su clasificación europea. Cerca de ocho veces más.

Otros conjuntos que han participado en torneos continentales como el Sevilla FC, la Real Sociedad o el Villarreal CF también se han posicionado públicamente en contra de la Superliga al considerarlo un “proyecto egoísta” y que “socavará el atractivo de todo el juego”. Una oposición compartida con conjuntos que solo compiten en LaLiga Santander, como el CA Osasuna, cuyo presidente, Luis Sabalza, reflexionaba que “si el fútbol es el deporte rey es porque es precisamente el deporte del pueblo, no el deporte de los clubes ricos”.

Incluso algunos como el CD Leganés, de LaLiga SmartBank, han tirado de ironía para desmarcarse de la iniciativa de los 12 clubes. “El CD Leganés rechaza participar en la Superliga. Por favor. No insistan. Mañana tenemos un partido muy importante #LeganésPonferradina Gracias”, publicaron este domingo en su cuenta de Twitter.

En este sentido el entrenador argentino Marcelo Bielsa, que ahora dirige al Leeds de la Premier League y que pasó por el Athletic Club, con el que disputó una final de Europa League, reflexiona: “Lo que que le da salud a la competencia es la posibilidad de desarrollo de los débiles, no el exceso de crecimiento de los fuertes. Pero la lógica que impera en el mundo, y el fútbol no está afuera de eso, es que los poderosos sean más ricos a costa de que los débiles sean más pobres”.

“Esta liga es cualquier cosa menos súper”

Tristeza y decepción es el sentimiento mayoritario entre los futbolistas que decidieron pronunciarse sobre la Superliga. Entre nombres como Pepe Reina o Mesut Özil, quizá la opinión más sonada y contundente fue la de un ex Athletic Club y Real Zaragoza, Ander Herrera: “Me enamoré del fútbol popular, del fútbol de los aficionados, del sueño de ver al equipo de mi corazón competir contra los más grandes. Si esta liga avanza, se acabaron esos sueños”, escribió en redes sociales.

Esa nostalgia por el pasado también se asomó en las reacciones de futbolistas ya retirados. Luis Figo, actual consejero de la UEFA y excampeón de Europa con el Real Madrid, afirmó: “Esta liga es cualquier cosa menos súper”. Una denuncia a la que se sumaron otros viejos conocidos del fútbol español como Antonio Cassano o Gary Neville.

A juzgar por la hemeroteca, el nuevo proyecto ni siquiera convence a algunos deportistas que pertenecen a los equipos impulsores del nuevo formato. “La brecha entre los clubes grandes y pequeños se ampliará aún más. No siempre todo tiene que ser más, más rápido, más y más dinero”, comentaba recientemente el madridista Toni Kroos en un podcast en alemán.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, amplió este lunes la amenaza de exclusión a los futbolistas que forman parte de clubes fundadores de la llamada Superliga. “No podrán representar a sus selecciones en ningún partido”.

Por su parte, el sindicato FIFPro que defiende los derechos de cerca de 65.000 profesionales sentencia en un comunicado que el nuevo escenario puede causar un “perjuicio irreparable”.

¿Y los aficionados? “Los aficionados primero. Ya es suficiente”

Las grandes noches europeas no podrían haber existido de no ser por ellos. Los aficionados de los equipos más grandes de Europa que han venido colmando los templos del fútbol año tras año hasta la pandemia.

Uno de los fondos de Anfield, The Kop, donde se ubica en cada partido una de las aficiones más famosas del mundo, ha rechazado rotundamente este nuevo formato. Los hinchas han decidido retirar todas las pancartas de esa parte del estadio. Este lunes por la mañana, algunos aficionados se han acercado al estadio para colgar dos pancartas en contra de la Superliga. “Nos avergonzamos de vosotros. RIP Liverpool 1892-2021″.

En España, el colectivo Aficiones Unidas también ha protestado en su cuenta de Twitter contra la iniciativa con uno de los mensajes más claros: “Unidos con el fútbol europeo contra el proyecto cínico, insolidario e ilegítimo de la Superliga. Los aficionados primero. Ya es suficiente”.

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