Sueldos, amortizaciones…¿Por qué el FC Barcelona no puede renovar a Messi? | Compañías

Es la noticia del verano en el fútbol español. Lionel Messi se va del Barcelona al no poder el club culé encajar su contrato en sus actuales límites salariales. Pero, ¿por qué ha llegado a esta situación? ¿Qué factores influyen a la hora de determinar los sueldos que LaLiga permite pagar a los equipos?

Límite de coste de plantilla deportiva

LaLiga introdujo los topes salariales en 2013, en una época en el que el fútbol español debía más de 700 millones de euros a la Agencia Tributaria. Esta medida, junto a otras como la venta centralizada de los derechos televisivos, han permitido un cierto saneamiento de los balances.

Para fijar el límite de coste de la plantilla deportiva de cada club, LaLiga toma los ingresos esperados para la temporada en cuestión y deduce sus costes estructurales y los pagos de deuda. Los equipos tienen que remitir a la patronal el presupuesto para la siguiente temporada antes de que acabe abril,  para que esta lo valide y fije el tope. Por tanto, estos conocen con anticipación los límites con los que tendrán que manejarse en el mercado de verano.

Una vez LaLiga calcula el límite, cada equipo tiene que encajar en el mismo el coste de su «plantilla deportiva inscribible», es decir, los jugadores de la primera plantilla, su entrenador, su segundo y el preparador físico; y también el de la «no inscribible», deportistas de otras secciones profesionales junto a entrenadores, segundos y preparadores físicos. Y aquí se suman conceptos como salarios, cesiones de derechos de imagen, la amortización anual de los fichajes, las cuotas de la Seguridad Social, etc.

El retroceso del Barcelona

El Barcelona tenía asignado un límite salarial de 671,4 millones en el verano de la temporada 2019/2020. Es decir, su gasto en salarios, amortizaciones, cotizaciones… no podía superar esa cifra. En el mercado invernal de la 2020-21 había bajado a 347 millones, prácticamente a la mitad.

Entre medias la pandemia, que ha provocado al club una pérdida de ingresos de más de 200 millones de euros, y una deuda desbocada. Su pasivo a corto plazo a 30 de junio de 2020 era de más de 400 millones. Factores ambos que explican un recorte que hacía urgente soltar lastre y recortar salarios para cumplir el tope y poder inscribir nuevos futbolistas.

¿Cómo encajar a Messi? El lastre de las amortizaciones

Joan Laporta ha afirmado este viernes que la masa salarial del FC Barcelona con Messi representaba el 110% de los ingresos, y por supuesto, excedía el límite salarial marcado por LaLiga, aunque no ha detallado en qué proporción. Al haberse extinguido su contrato el 30 de junio, su renovación hubiese computado como un fichaje, por lo que, mientras el Barcelona no se  deshiciese de jugadores y rebajara sueldos, no podía inscribirle ni a él ni a los cuatro nuevos fichajes que ha firmado este verano.

Pero tanto la venta de futbolistas como la renegociación a la baja eran una tarea ardua. En el primer caso, entran en juego las amortizaciones, señaladas por Laporta como gran lastre. En las cuentas de la temporada 2019-2020, los culés arrastraban un gasto pendiente por este concepto de más de 170 millones de euros.

La vía ideal de ahorro para el Barcelona hubiese sido la venta de jugadores con plusvalía. La suma de esta y del sueldo ahorrado permitían disminuir de forma rápida la masa salarial. Pero en las actuales circunstancias del mercado, y con los salarios que reciben los futbolistas del Barcelona, ha sido una misión imposible.

Por ejemplo: el club fichó al francés Antoine Griezmann hace dos años por 120 millones, con un contrato de cinco temporadas. A una amortización anual de 24 millones, aún le restan 72. Si le hubiese vendido por 60, aunque parezca una cifra importante, hubiese generado una pérdida de 12 millones, que restaría al potencial ahorro de su ficha, que ronda los 20 millones netos.

Lo mismo ocurre con jugadores como, por ejemplo, el bosnio Pjanic, que llegó por cerca de 60 millones el verano pasado y por cuatro temporadas. Por tanto, le restan 45 millones por amortizar, y de nuevo, una venta por una cuantía inferior restaría al potencial ahorro de su ficha, inasumible en la actualidad para la mayoría de equipos. De ahí que el club le llegase a ofrecer la carta de libertad, que no aceptó. Lo mismo ocurre con futbolistas como Coutinho o Umtiti, con dos años aún por amortizar.

Otra fórmula necesaria era la renegociación de los contratos de los futbolistas. En la temporada pasada, el Barcelona difirió los salarios de algunos de sus jugadores ampliándoles la duración de sus contratos, con lo que recibirían el mismo sueldo, pero en más años, con escaso impacto en el tope marcado por LaLiga. El Real Madrid, por ejemplo, sí acometió un recorte del 10%, que sí le ha permitido mantenerse en los márgenes que marca LaLiga. Hoy Laporta ha reconocido la dificultad para renegociar a la baja con algunos jugadores que quieren conservar unos contratos que están en vigor.

La regla del 1×4

Ante la posibilidad, como le ha ocurrido al Barcelona, de que el impacto de la pandemia redujese sus ingresos y por tanto su tope de gasto de plantilla, LaLiga dio la temporada pasada un respiro a los clubes. Suspendió las sanciones fijadas para los casos en los que se excede el límite, y aprobó una regla, la llamada 1×4, que incluso les permite inscribir fichajes en un porcentaje del 25% de lo que ahorren con la salida de futbolistas. Es decir, si el Barcelona obtenía ahorros por 100 millones, podía utilizar 25 para inscribir fichajes. Pero hasta la fecha, las salidas han sido insuficcientes..

Además, como se ha explicado anteriormente, la renovación de Messi hubiese computado como fichaje a efectos de inscripción, por lo que también debía seguirse la regla del 1×4. Y con las cifras salariales que maneja el argentino, era una quimera obtener los ahorros necesarios para su inscripción. El Barcelona planteó un contrato de cinco años en el que Messi solo jugaría en el club en las dos primeras. Este no fue aceptado por LaLiga.

Laporta pidió a la patronal más flexibilidad en las últimas semanas. Y ha deslizado que desde la misma le indicaron que el acuerdo de 2.700 millones con CVC le resolvía el problema. «Nosotros no podemos aceptar una operación que hipoteca por 50 años determinados activos del Barcelona. Además, los que pagan [CVC] lo hacen por una tercera parte de lo que nosotros creemos que valen esos activos. Yo no puedo hipotecar al club 50 años para tomar decisiones hoy», ha dicho este viernes.

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