Stalin, Mengele y varios aliens muertos

En la abundante literatura sobre lo que de se supone que ocurre de verdad en el Área 51, durante años se ha mencionado frecuentemente un búnker al que un día de mediados del siglo XX se llevaron los restos de un objeto volador no identificado que se estrelló en la localidad de Rosswell, en Nuevo México, con varios humanoides, no más altos que un niño, a bordo. Dos de ellos estaban vivos pero en coma, y se les sometió a todo tipo de pruebas y experimentos. Otros estaban muertos, y se les practicó una autopsia que fue grabada en un vídeo en blanco y negro que vio la luz en 1995.

Las teorías van incluso más lejos que la simple existencia de extraterrestres. La periodista Annie Jacobson dijo en un popular libro de 2011 que esos humanoides sí existieron, pero que no eran del espacio, sino personas modificadas desde su nacimiento en un hospital regentado por el doctor nazi Josef Mengele, que trabajaba bajo las órdenes del dictador soviético Josef Stalin para sembrar el pánico y despertar la paranoia en Estados Unidos. La fuente de ese libro, «Área 51, una historia sin censura de la base militar más secreta de América», es un único empleado que habla bajo condición de anonimato.

Desde luego, la ciencia y la historia ha desmentido estas patrañas repetidamente, lo que no ha servido para restarle ningún atractivo a Rosswell y el Área 51 para los aficionados a lo oculto. En 1947 un globo de pruebas de la Fuera Aérea se estrelló en Rosswell, y varios residentes de ese pueblo de Nuevo México pensaron que era un platillo volante. No pudo haber autopsia de los supuestos ocupantes de ese platillo en el Área 51 porque esta fue construida por el Pentágono ocho años después, en 1955, en un terreno expropiado en el lecho seco de un lago que era ideal por ser completamente plano y estar lejos de zonas habitadas.

Lo realmente inusual del Área 51 es que allí se probaron aviones de gran aceleración que se elevaban con rapidez de vértigo a decenas de miles de metros de altura, como el Lockheed U2 «Dragon Lady», que era muy difícil de aterrizar y cuyo vuelo provocaba efectos sonoros y luminosos ciertamente llamativos. Según la CIA fueron unas pruebas endiabladas, que se cobraron las vidas de cuatro pilotos en pruebas. Tras las pruebas en el Área 51, el avión entre en funcionamiento en 1957, y permitió llevar a cabo complejas misiones de espionaje en el bloque soviético.

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