Sortilegios políticos | Babelia | EL PAÍS

Elástico de sombra, del escritor colombiano Juan Cárdenas (1978), no es una novela política. Pero la política está en sus páginas, la más violenta y arbitraria. No ocupa mucho espacio. Apenas algunas referencias a dos cuerpos, una mujer y un hombre jóvenes, encontrados en un cruce de caminos, con signos de “sufrir lo indecible antes de darles el tiro del final”. Más adelante, una manifestación de indios exigiendo que se les devuelvan las tierras de sus ancestros que les fueron arrebatadas. Dos indicios no tanto políticos como de una forma de entender la política —o la parapolítica— en algunos lugares del mundo: la de la tortura y la eliminación física. Para una novela que trata fundamentalmente de una arqueología de ritos guerreros en busca de su sitio en el presente, esos dos datos “políticos” bastan para decirnos que en algunos países de Latinoamérica, se narre sobre lo que se narre, siempre habrá un trasfondo de la política más ominosa.

La novela de Cárdenas se empapa de sortilegios y magia. Tenemos a dos personajes centrales. Don Sando y Miguel. Dos macheteros, dos guerreros a la búsqueda de unos movimientos llamados “juegos de sombra”, formas y arabescos con el machete y los pies para desconcertar al contrincante. Estamos casi en el terreno de la etnología. Don Sando y Miguel, maestro y discípulo, necesitan rescatar del olvido esa técnica de origen afrocolombiano, una necesidad que a la larga también se puede interpretar como política.

El título de este libro hace referencia a una suerte en el “juego de sombras”. Elástico de sombra es una depuradísima técnica para luchar en medio de la más absoluta oscuridad. Si uno de los contrincantes desconoce esta técnica, es hombre muerto. Y aquí es donde el asunto adquiere ribetes casi cómicos. La exposición de los movimientos, el dibujo geométrico en la disposición del cuerpo del machetero en el campo de batalla, está descrito con humor y con cierto aire de ritualidad inventada, casi premeditadamente inverosímil. Sólo tengo que poner una pega a este serio juego narrativo bien resuelto. Su excesivo particularismo léxico. A veces se hace ininteligible, con lo cual se interrumpe el disfrute del lector de este lado del Atlántico.

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