«Solo piensas en que hay que sacarlos para darles descanso»

Solo piensas en que hay que sacarlos para terminar de darles descanso. Si no se hubieran asustado… la marea estaba bajando; si hubieran aguantado en la roca, quizá la barca no se habría hundido». El teniente de la Guardia Civil José Antonio Olivas, comandante de puesto en Barbate (Cádiz), acaba de volver al cuartel. Ha sido el día más duro de la última semana en la que no ha habido tregua. En las últimas horas han rescatado los cadáveres de cinco inmigrantes marroquíes, que se ahogaron tras chocar su patera con una roca el lunes pasado, junto a Caños de Meca. El mar ha devuelto ya 18 cuerpos de los que se tragó de madrugada, a oscuras, casi rozando la costa.

«No sabemos cuántos quedan, entre tres y seis, según lo que nos contaron los supervivientes, pero no se ponen de acuerdo. Pueden ser menos». Unas horas antes, mientras recuperaban los restos de dos jóvenes divisaron otro cadáver; el mar se lo arrebató. «Lo vimos y lo perdimos. Puede que lo encontremos o que no». Al teniente le cuesta describir la sensación entre la impotencia y la resignación. Dos de los cuerpos estaban a solo 50 metros de la orilla.

Los hombres de la Guardia Civil –los del puesto de Barbate, los buzos del GEAS y los del Servicio Marítimo de Cádiz– llevan una semana sin quitar los ojos y el cuerpo de las olas del Atlántico. «Estamos navegando unas 11 millas diarias, ida y vuelta y cambiando, pasando una y otra vez en busca de los cadáveres», explica el sargento Miguel Marín, uno de los patrones más veteranos. Cada 24 horas desde hace siete días un patrón y tres mecánicos suben a una de las patrulleras del Cuerpo y se centran en la búsqueda de los náufragos muertos.

«Estaban en shock»

Con los días transcurridos, la mascarilla y los guantes no son suficientes. Se pertrechan con un traje especial con capucha para evitar cualquier tipo de contagio. «Si divisamos un cadáver, bajamos la auxiliar (una neumática pequeña); subimos el cuerpo con mucho cuidado –porque los días en el agua no pasan en balde– y le colocamos el sudario. Luego lo llevamos al puerto», detalla el sargento. Hace tres días encontraron un cuerpo en El Palmar, a 5 kilómetros. El único que se movió; los demás han permanecido en la zona del arrecife. Tenía el chaleco puesto. «Cuando saltó o se cayó de la patera, debió de nadar hacia el faro de Trafalgar hacia las luces», aventura el sargento. El mar cumplió su plan, como siempre.

El teniente Olivas asegura que en los cuatro años y medio que lleva en Barbate nunca ha visto un comportamiento como el de los supervivientes. Primero encontraron a veinte que habían logrado salir de la playa y luego a otros dos. «Estaban en shock, quietos, muy asustados. No sabían ni cuántos habían muerto. Se desorientaron con el faro, con las olas; estaba muy oscuro, al chocar con la roca se pusieron de pie; muchos no llevaban chaleco y la mayoría no sabía nadar». El agente murmura que no podemos ni imaginar lo que tuvieron que pasar. «Teníamos la esperanza de que se hubieran salvado más y se hubieran escondido en cualquier parte».

«Una trampa mortal»

La patera rígida y con un motor (también la engulló el océano) partió de una zona pegada a Kenitra. Una travesía de seis horas en verano y con buena mar que se alargó más de veinte y fue un infierno con el mar picado y sobrecargada (entre 43 y 46 personas). Iban unos encima de otros. Hombres jóvenes y desesperados por llegar. Algunos eran hermanos. «La mafia los metió en una trampa mortal», dice el teniente Moisés, jefe accidental del Servicio Marítimo de Cádiz. «Para los traficantes son solo dinero». Pagaron entre 1.500 y 2.000 euros.

Saben que había familiares porque lo han contado los supervivientes. Pese al drama agrandado ha servido para identicar a alguno de los ahogados. Ya se ha logrado poner nombre al menos a siete. Algunas personas han llamado al cuartel para contar que un pariente suyo viajaba en esa barca.

Cuando la Guardia Civil detecta una patera, lo habitual es que nadie denuncie al patrón; de hecho suelen protegerlo.«Están aleccionados», explica el teniente Moisés. En este caso no ha sucedido. Algunos supervivientes señalaron a dos marroquíes de 32 y 21 años como patrones. La juez de Barbate los ha enviado a prisión. Los guardias siguen trabajando sin descanso y sin parabienes. El sargento Marín y sus hombres salvaron la vida hace solo unas horas a 6 hombres y una mujer a la deriva. «Su situación era crítica».

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