Sin titubeos

El daño está hecho. Pese a las advertencias de las autoridades médicas, las restricciones dictadas para el periodo navideño por los Gobiernos autonómicos en el marco de mínimos pactado con el Gobierno central —a todas luces insuficiente— fueron demasiado laxas. El resultado empieza a verse ahora con dramatismo. El jueves, España anunció 42.000 casos contabilizados en los dos días previos y la incidencia por 100.000 habitantes en 14 días se disparó a 321 casos. Ayer fueron más de 25.000 y la incidencia subió a 350. La sucesión de festivos había mermado la capacidad de diagnóstico de la enfermedad y camuflado la progresión real. Si en diciembre se estaban realizando 140.000 pruebas al día hasta Nochebuena, apenas fueron 110.000 de media en los siete días siguientes. El 2 de enero solo se hicieron 70.000. La positividad, por el contrario, se está disparando (de menos del 8% a más del 14% en un mes), un indicio de la velocidad que está tomando la expansión de la enfermedad tras los encuentros de Navidad. España avanza a gran ritmo hacia la tercera ola. Y, a diferencia de la segunda, que llegó después de que la primera hubiera sido prácticamente doblegada, ésta ataca sin que hayamos salido de la anterior. Los riesgos son enormes.

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