Sin prisas por la costa de Pontevedra

Evadirse de la realidad parece más necesario que nunca. Tras un año convulso (y con la incertidumbre todavía en este 2021), nunca es mal momento para ir pensando en el próximo viaje, en una escapada ajena a megaurbes y marcada por las leyendas de reyes destronados, meigas y bosques encantados que vagan por el litoral de Pontevedra. Un road trip donde sobran las prisas y en el que el mar será la única guía por esta senda imaginaria de antiguos templos y edificios nobles que parecen hibernar en una película de Tim Burton.

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Buen comer y descanso divino

“¿Quedaches con fame?”. Si regresas de Galicia con el estómago descontento es que no has estado en Galicia. Su generosidad culinaria no solo se manifiesta en cuantiosas raciones, sino en la variedad de sus guisos, productos del mar o los quesos, embutidos y dulces que abastecen mercadillos como el de Cangas de Morrazo, abierto martes y viernes cada semana.

La oferta es inabarcable. Desde la fusión de mar y tierra de O Con de Aldán (paseo de Carlos Pérez, 12) hasta el instagrameable menú de El Perro Verde en A Guarda (Costa dos Soldados, 10) o el clásico arroz con bogavante que sirve el restaurante Area Grande, en la playa homónima. Ya en Baiona, en la Taberna del Azafrán (calle de Fonte de Zeta, 14) se pueden degustar algunos de los básicos de la cocina gallega, como las zamburiñas a la ­plancha, el revuelto de grelos o el pulpo a feira.

En cuestión de hospedaje, ademas de su parador (Arquitecto Jesús Valverde, 3), existen en Baiona ofertas más terrenales como el hotel Casa do Marqués (calle das Areas, 13), antiguo caserón decorado con estilo romántico en la playa de Ladeira. Si se prefiere dormir con sosiego divino, el antiguo convento de San Benito (plaza de San Bieito), en A Guarda, conserva parte de su estructura original de 1558.

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