Silvia Pérez Cruz: “Soy un paisaje; mis padres, el mar y el campo” | Cultura

Pregunta. ¿De dónde viene su voz?

Respuesta. ¡Soy un paisaje! Cuando me preguntan de dónde soy, siempre digo que del Ampurdán; es cierto que estos bosques, estos mares, te empujan a hablar de la belleza, y es lo que intento. También hay esa luz del atardecer en la que todos estamos guapos.

P. Así que un paisaje…

R. Una luz y un paisaje. El Baix Ampurdá es una acuarela, todo muy delicado y pequeñito, con un poquito de mar; no es el Atlántico, es un mar controlado, con masías, campos, flores, olor a sal y a puerto, como decía Pla. Hay un olor de invierno que a mí me emociona. Mi padre es más el mar y mi madre el campo y los bosques.

P. Una parte de lo que ha dicho recuerda la letra del Pequeño vals vienés que usted canta con la versión de Leonard Cohen.

R. Esa canción son postales, imágenes, una detrás de otra. ¡Qué bonito y qué difícil es cantar! En principio no, sale natural; el objetivo es que cuando vayas a cantar para compartirlo no sea difícil. Hay esfuerzo, entrega, dudas, pero no dificultad. La dificultad la tienes que trabajar en casa. Hay un momento difícil cuando las emociones están presentes; si tienes ganas de llorar es imposible cantar, y es horrible si cantas sola. Las veces que he cantado desde la tristeza profunda cantar es como llorar.

P. ¿Qué siente cuando se oye?

R. Cuando trabajo en los discos miro mucho lo formal. La emoción es cuando cantas. Antes y después son momentos para pensar la música; me gusta cuidar el sonido, quitar lo que sobra… Emocionalmente salen cosas que no sabes cómo luego funcionan y eso es bello.

P. ¿Predomina más el esfuerzo o la emoción?

R. Por igual. Yo me siento mal si no me esfuerzo al máximo. La gente va a verte, se abre a ti y me esfuerzo mucho por conseguir esa posible emoción. </CF>Mi objetivo es trabajar mucho antes para dejar de pensar cuando estoy en el escenario, sentir únicamente y que se note.

P. ¿Puede estar sola ahí arriba?

R. Se puede. Últimamente yo estoy muy a gusto en el escenario. Te puedes sentir muy solo, pero si todo funciona estamos ahí juntos. Es serio todo esto, y alegre también. Nos educan para estar muy solitarios y la gente luego va muy a la suya. Todos se hacen su coraza, pero si de repente sientes la comunicación de mucha gente eso es superemocionante.

P. ¿La representan sus canciones?

R. No pienso en lo concreto, pienso en el concepto. Por ejemplo, hay días en que pienso bastante en Miguel Hernández; me he emocionado mucho y he intentado hacerlo en soledad, pero cuando subo a cantar pienso en la amistad, en el amor total. Hay días en que si estás más tocada por algo tuyo se desmonta todo. Mi emoción no le interesa a nadie en realidad, pero cuando alguien se conmueve (como aquella mujer que me dijo que había cantado su pena y que quién me lo había contado) es precioso.

P. ¿Canta su propia pena?

R. Sí, a veces me permito unos segundos en las canciones, o de enfado, o de alegría. Claro que estoy, pero lo mejor es cuando no estoy.

P. Este arte está rodeado de intereses. ¿Es difícil sobrevivir?

R. A veces me lo pregunto. En algunas cosas soy muy ingenua, muy inocente, pero miro a mi alrededor y hay gente muy auténtica, con mil virtudes. También hay mucha mentira, mucho discurso, mucho personaje que me decepciona profundamente. Cantando en el escenario estoy en equilibro: la humildad y la fragilidad, combinadas con la fortaleza, se alimentan de las ganas de dar lo mejor. Ahora siento que renazco y veo que vale la pena esforzarse en lo que uno cree.

P. ¿Ha visto el peligro del éxito?

R. Tuve miedo cuando entré en la discográfica, una multinacional, pero alguien me dijo que sería como yo quisiera que fuera. Tengo una conciencia pequeña de lo que me pasa, yo no puedo abarcar más que los habitantes de mi pueblo. Tiene que ver con lo que ofrezco: lo he hecho muy lentamente, así que lo puedo digerir muy bien.

P. ¿Qué es renacer?

R. Tiene que ver con una pequeña muerte previa. Después de un sufrimiento, de un amor que te ha destruido algo, que te ha cortado un brazo, sentir que ese brazo te vuelve a crecer, que eres capaz de volver a empezar. Hay pequeños renaceres y otros más potentes, como en el que estoy ahora. Una etapa sorpresa: después de quedarte en blanco, pasar página y volver.

P. Se quedaría en silencio.

R. Sí… El silencio siempre es música. En la música un buen silencio pesa mucho más. En el silencio puro a veces hay un vacío brutal, pero estar en casa sin escuchar música me serena.

P. Dice que la película que ha hecho le ha devuelto “la parte luminosa de Silvia”. ¿Se ve en tercera persona?

R. Lo pensé en el camerino del Liceo, cuando canté 11 de novembre. Por respeto nadie vino a verme, y estuve sola. Me veía como otra. Quizá era más mi alma la que estaba allí. Ahora trabajo para conseguir ser como soy.

P. ¿Qué le dice el espejo ahora sobre lo que ha pasado?

R. Tranquila, disfruta, te lo estás currando. Y no solo lo artístico. Adelante y créete las buenas cosas que pasan. Disfruta.

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