Sexo oral, claro que sí | Blog Mordiscos y tacones

Si nos hubiéramos instruido más con los clásicos, quizás habríamos aprendido más fácilmente los entresijos del sexo oral, la práctica sexual más deseada por hombres y mujeres; lo cual no quiere decir que sepamos practicarla. Las referencias sobre los cunnilingus son más bien escasas, pero de Cleopatra sabemos que era una artista en estas prácticas. En la Biblia se señala de un modo muy general lo que está bien y lo que está mal, pero en algunas comunidades de Testigos de Jehová se tira de los Corintios 6:18 para señalar que “el que comete inmoralidad sexual peca contra su propio cuerpo”, considerando que el sexo oral es una de esas inmoralidades.

 

Nadie dijo que las religiones abogaran por el placer. Ninguna lo hace, de hecho.

 

Las terminaciones nerviosas se condensan en la entrepierna, lo que hace que ese sea el epicentro de nuestro placer, tanto en hombres como en mujeres. Ningún órgano tiene tantas terminaciones como el clítoris (más de 8.000) y el glande (la mitad, 4.000), lo que los convierte en receptores del placer por excelencia. Y la boca es un órgano que entra en las posibilidades amatorias desde el momento en el que es con ella con la que manifestamos nuestro cariño a través de los besos. Muy raro se tiene que dar para que no se vaya la lengua hacia esa parte de la anatomía cuando uno está con la persona amada.

 

El caso es que aquí está. El sexo oral. Eso que supone la panacea del placer entra en nuestras relaciones sexuales; entra hasta en nuestras conversaciones. Deberíamos tomarlo, entenderlo y practicarlo tanto como merece. Es la práctica sexual con la que más probabilidades hay de triunfar, más que con el coito. Si Freud levantara la cabeza y volviera a empeñarse en decirme cómo deben ser mis mejores orgasmos, probablemente no llegaría tan lejos como llegó en una sociedad que nunca se interesó por el placer de las mujeres. Andaban ocupados sucumbiendo al del hombre. Pero ahora que me lo sé. Actúo en consecuencia.

La sexóloga Carol Armero insiste una y otra vez en que escuchar es la base del buen aprendizaje para hacer una buena felación, porque cada hombre es distinto. «Te vas a encontrar el chico que quiere que se lo hagan suave y casi ni les roces. Y hay otros a los que les encanta, incluso, que le pases los dientes. Yo destacaría, si el sexo oral se lo hace una mujer, que del mismo tejido de nuestro clítoris está hecho su glande, una zona que hace que se exciten muchísimo, con una gran cantidad de terminaciones nerviosas. Y entonces les encanta que de verdad intentemos ser Linda Lovelace, por aquello de lo mucho que ellos se contaminan de porno».

Pero, además, en esto del sexo oral hay una brecha de género. Se da por hecho que en todos los polvos hay felaciones, pero el cunnilingus en muchas citas se obvia. Repasen sus polvos, señoras. Cuántas veces se fueron de allí sin ese placer. Claro que me refiero a esos polvos esporádicos en los baños de los bares. Creo que he visto más felaciones en la calle que cunnilingus. «Las mujeres no deberían normalizar el hacer felaciones sin que les hagan sexo oral», sentencia Carol Armero. Cuando, en realidad, quienes dominan estas artes triunfan. Pocas cartas de presentación mejores, caballeros.

Cuando hablamos de talleres para aprender a hacer cunnilingus, en realidad se trata de todo un estudio del placer de la vulva. Un placer invisibilizado históricamente en detrimento del que pudiera provocar el coito. La nueva masculinidad aprende el secreto de su éxito. Nos pasamos los teléfonos de los mejores en eso, señores. La vulva tiene un clítoris, pero también los labios, el perineo, los pliegues de la carne… Tómense el tiempo que necesiten, porque esto se llama disfrutar. Como afirma Ana Lombardía, sexóloga que imparte talleres de placer vulvar, «sería muy complicado hablar del tiempo que se tarda en obtener un orgasmo porque hay mujeres que tardan muy poco y otras que necesitan más». Incluso a lo largo de nuestra vida ocurre que la sensibilidad de los primeros cunnilingus no es la de los de la madurez. «Y no es solo centrarse en el clítoris, por muchas terminaciones nerviosas que tenga», afirma la terapeuta. «No tienes por qué conseguir el orgasmo de una vez. Juega, cambia, intercámbialo. Haz que la excitación sea máxima. Disfruta con tu boca de lo que haces. Haz que cada beso sea diferente. Y no tienes por qué empezarlo y acabarlo. Hazlo todo el rato con muchas cosas más».

Siempre le agradeceré a Chus Gutiérrez que, siendo mujer, se atreviera a firmar aquel Sexo oral (1994). Lo mejor que puede pasarnos es que hablemos de sexo. Para que aprendamos, de una vez, a follar bonito.

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