Samaná, un capricho caribeño

Cuando el paraíso abre de par en par sus puertas, pronto deja de ser un paraíso. Samaná es un edén cuyas puertas permanecen entornadas. Un mundo aparte, todavía. Una península oblonga en el extremo oriental de la República Dominicana. Apéndice que cobija un microcosmos desbordante de cocoteros y plantaciones, playas vírgenes, manglares, cayos e islotes donde ni el eco de legendarios piratas, ni el tímido abordaje de turistas alteran la rutina de pescadores y tenderos que abren sus colmados a las urgencias del día a día. Un lugar recóndito, en fin, donde el invierno se pasa en bañador.

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Guía

Crónica de un éxito anunciado

La mayor parte de los turistas que viajan a la República Dominicana se recluyen en los lujosos resorts todo incluido que orlan el litoral sur de la isla, al este de la capital, Santo Domingo. Nombres como La Romana, Punta Cana o Bávaro ocupan un lugar preferente en los folletos turísticos y en los sueños de los buscadores de sol y playa entre palmeras paradisiacas.

La Romana es el núcleo más próximo a Santo Domingo. Albergaba el mayor ingenio azucarero del mundo, de eso vivía, pero en 1970 decidió abrirse al turismo creando un campo de golf. Cuatro años más tarde se construía Casa de Campo, un resort que a finales de los ochenta cambió de manos y adquirió un sello elitista y seductor a cargo del diseñador dominicano Óscar de la Renta. En los noventa llegaron los primeros cruceros internacionales, y una década después se consolidó como uno de los destinos soñados de la isla.

A una hora escasa en coche al este de La Romana, Punta Cana era pura selva en 1970. El abogado neoyorquino Ted Kheel se asoció con el dominicano Frank Rainieri, que entonces tenía apenas 24 años, y con fervor visionario adquirieron unos terrenos que enseguida bautizaron como Punta Cana. Al año siguiente abrían su primer hotel, Punta Cana Club, de solo 20 habitaciones, pero con una pequeña pista de aterrizaje. Esta se convertiría en 1986 en aeropuerto internacional, con la llegada de un primer vuelo procedente de Puerto Rico con 21 pasajeros. Hoy llegan a ese aeropuerto más de cuatro millones de turistas al año. A finales de los noventa, Rainieri consiguió asociar a Óscar de la Renta y Julio Iglesias en el Grupo Puntacana, que no ha dejado de crecer (aunque ahora ya sin el diseñador ni el cantante).

Al norte, Bávaro era en un principio un territorio semisalvaje en el cual se alojaba a los empleados de Punta Cana. Pero pronto playa Bávaro comenzó a ser colonizada por grandes cadenas hoteleras, entre ellas las españolas Riu, Meliá, Barceló, Iberostar, etcétera, que han convertido este enclave, junto a Punta Cana y La Romana, en un trío de ases ganador para el turismo de la República Dominicana.

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