Sale a flote Clotilda, el último barco esclavista de EE.UU.

Han pasado 160 años, pero hubo quienes no perdieron la esperanza de encontrarla, como un acto final de justicia histórica. Exploradores y arqueólogos marinos la buscaron incansablemente en el lecho del río Mobile, en la desembocadura a la bahía y a unos metros de Africatown, el asentamiento de los últimos esclavos que fueron traídos como mercancía a través del Atlántico. En junio de 2018, Ben Raines, un tenaz periodista de Alabama que llevaba años buceando en las lodosas aguas del río, encontró trozos de un casco con clavos cuadrados, típicos de las goletas del siglo XIX. Esta semana, la Comisión Histórica de Alabama ha certificado que, efectivamente, Raines encontró los restos medio quemados de la Clotilda, parte de la historia más oscura de Estados Unidos como el último buque empleado en el comercio de esclavos de África.

«Hay varios elementos que nos indican que esta es la Clotilda: la ubicación. que los dueños del buque intentaron ocultar durante años; el cobre de la cubierta, y el tipo y las dimensiones de los trozos de madera. Todo concuerda con los registros históricos», asegura Raines, autor del hallazgo. «Que haya sobrevivido la mayor parte del casco no es extraño, porque si se quema un barco, como sucedió con la Clotilda, la parte sumergida se hunde y si queda cubierta por el barro puede preservarse incluso siglos».

El comercio trasatlántico de esclavos con África fue ilegalizado en 1808, por lo que el precio de compra de personas en el mercado nacional se disparó. Varios terratenientes del Sur pidieron sin éxito la reapertura de esas rutas. Uno de ellos, Timothy Meaher, se apostó mil dólares de la época a que podía enviar una de sus goletas a África y traerse un centenar de esclavos a un precio bien bajo. La Clotilda, usada hasta entonces para transportar madera, zarpó el 4 de marzo de 1860 con destino a lo que hoy es Benín, donde adquirió 110 personas por 9.000 dólares en oro.

Cudjo Lewis, el último superviviente de los esclavos que viajaron en la Clotilda
Cudjo Lewis, el último superviviente de los esclavos que viajaron en la Clotilda – ABC

Hacinadas en la bodega, llegaron vivas 109 a la bahía de Mobile, en el golfo de México, cuatro meses después. Una niña murió en la travesía. Para no ser descubierto, el capitán, William Foster, cargó a los 109 esclavos en un pequeño bote de río y quemó la goleta. Fue una idea magnífica, porque él y el terrateniente Meaher fueron juzgados un año después por tráfico ilegal de personas, pero el caso fue desestimado por falta de pruebas. Esas pruebas, de hecho, no han visto la luz hasta ahora.

El terrateniente Mehaer se quedó con 32 esclavos, pero su explotación como propiedad personal duró mas bien poco. Justo cuando comenzaba el juicio en su contra estalló la guerra civil, que el bando yanqui, antiesclavista, ganó en 1865. En aquel año los esclavos fueron liberados, y los que vivían en las propiedades de Meaher fundaron el asentamiento de Africatown.

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Raines llevaba años buscando la Clotilda y creyó haberla encontrado en enero de 2018. La Comisión Histórica de Alabama investigó los restos que le facilitó el periodista y llegó a la conclusión de que no era la goleta. Raines, aprovechando una bajamar, volvió a sumergirse en abril en un punto que identificó como Objetivo 5, esta vez con la ayuda de arqueólogos y exploradores de la universidad del Sur de Misisipí. Tras once meses analizando los trozos chamuscados del casco, las piezas de cobre de su cubierta y los clavos cuadrados de hierro, la Comisión Histórica -asistida por la empresa Search Inc. y el Museo Smithsonian- ha anunciado ahora que, efectivamente, la Clotilda ha sido encontrada. La revista National Geographic ha publicado los detalles del hallazgo pero, sin dar razones para ello, no otorga el debido crédito a Barnes.

La importancia de su hallazgo es mayúscula. Los descendientes de quienes arribaron a Norteamérica como esclavos a bordo de la Clotilda son los únicos afroamericanos que saben exactamente de dónde procedían sus ancestros y bajo qué condiciones fueron privados de su libertad. El último de aquellos esclavos, Cudjo Lewis, falleció en 1935, no sin antes detallarle a la historiadora Sylvane Diouf sus recuerdos, plasmados en el libro «Sueños de África en Alabama».

«Ahora estamos trabajando con diligencia con las autoridades locales y estatales para lograr que el sitio sea protegido», señala Walter Givhan, presidente de la Comisión Histórica de Alabama. «Estos restos son un tesoro cultural irremplazable y las autoridades nos han dado garantías de que todo el peso de la ley caerá sobre quienes intenten expoliarlo. Ahora tenemos la responsabilidad de preservar estos restos».

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