Run The Jewels, el arma letal del ‘hip hop’ | Babelia

“A la mierda, ¿por qué esperar? El mundo está infestado de basura, así que aquí tenéis algo crudo que escuchar mientras tratáis de entender todo esto. Esperemos que os dé un poco de alegría. Manteneos a salvo y esperanzados y gracias por darle a estos dos amigos la posibilidad de ser escuchados y hacer lo que aman hacer. Con sincero amor y gratitud, Jaime y Mike”. El 2 de junio, en uno de los momentos durante las protestas por el asesinato de George Floyd en Minneapolis en que parecía que esta vez el imperio sí iba derrumbarse, Run The Jewels, uno de los grupos de hip hop más relevantes de los últimos años, colgaba en su Instagram este mensaje. Se iba a adelantar dos días el lanzamiento de su cuarto disco. Es complicado que este año salga un álbum mejor. Es imposible que este 2020 salga un disco más 2020 que este.

Siete años atrás, el combo debutaba con su homónimo primer disco. Run The Jewels era entonces una peculiar asociación formada por dos tipos que llevaban negociando con moderado éxito la escena del rap underground. Mike “Killer Mike” Render (Atlanta, 1975), había lanzado en 2012 R.A.P. Music, su mejor largo hasta la fecha, un proyecto político, moderno y apabullante que hizo mucho ruido en muy pocos sitios. Su idea era lanzar una secuela, que iba a ser producida por Jaime ‘El-P’ Meline (Nueva York, 1975). Pero este último se involucró tanto en la confección de álbum y ambos se hicieron tan amigos que decidieron abandonar no solo el proyecto, sino sus carreras en solitario (El-P había publicado también el año anterior el notable Cancer 4 The Cure) para formar Run The Jewels. En el mundo de la música sucede pocas veces que los artistas se unan para algo más que proyectos puntuales o alimenticios. Normalmente sucede los contrario. Pero El-P y Killer Mike son diferentes. La amistad es genuina y la química creativa es única. Cada uno tiene su personalidad y su rol dentro de la asociación. Mike es el activista, la abrumadora presencia escénica, el maestro de la rima política, la sabiduría y la experiencia. Jaime ofrece en lo verbal el equilibrio, orientado más hacia el humor sin perder el foco, eso sí, en la denuncia y el compromiso social. Además, suyas son el grueso de tareas de producción, que redundan en un sonido agresivo, a veces cercano a la ciencia ficción, siempre lleno de capas y matices. Jaime parece que lo sabe todo. Mike parece que lo ha entendido todo. Juntos son la versión hip hop de lo que eran Danny Glover y Mel Gibson en Arma letal.

El día antes del lanzamiento de este cuarto largo del dúo, Killer Mike dio uno de los discursos más emocionantes, sensatos y a la vez combativos que se escucharon durante el caos que siguió al asesinato de Floyd. “Siento la obligación de decir simplemente esto: no debes quemar tu propia casa porque estés cabreado con tu enemigo. Tu obligación es fortificar tu casa para que sea un lugar de refugio en el momento en que debamos organizarnos. Y ahora es el momento de planear, de organizar, de crear estrategias y de movilizarse”. La virtud de aquel discurso es un poco la virtud de la banda. Killer Mike apareció ante las cámaras apelando a la sensatez y a la lucha pacífica, pero luciendo una camiseta en la que se leía: “Mata a los amos”.

Los moderados lo consideraron un aliado dentro de los extremistas, el negro que les podía hacer entrar en razón, y los extremistas vieron en él un submarino en el sistema de los moderados, el negro que les podía hacer bajar la guardia. Pareció por un momento que el radical Mike podía acercarse un poco a esos “negros con sitios caros” a los que esa misma mañana el filósofo Cornel West se refirió en la CNN en una diatriba memorable que recordaba que el sistema había pensado, durante décadas, que con gente como Michael Jordan –afroamericanos, ricos y dóciles con todo lo que no fueran sus ambiciones personales– como ejemplo para la comunidad negra, la mitad del trabajo de pacificación estaba hecho. Se equivocaron, claro. Erraron al suponer que los afroamericanos felices dentro del sistema lograrían solo con su existencia aplacar la rabia de los que estaban fuera de él, o directamente pisoteados por él. Y también se equivocaron con Killer Mike. Un pacificador nunca es neutral. Casi todos los que han ignorado esto han perdido la guerra. Al día siguiente del discurso del consenso, él mismo se encargó de volarlo en pedazos: “Para destruir el sistema vamos a tener que organizarnos. Hay grupos en tu comunidad que lo están haciendo. Hay que unirse a ellos una vez pase este momento de rabia y luchar por derrotar al sistema cada día. Cada día”.

Desde el abrupto lanzamiento del disco, que ha entrado en el top 10 en las listas estadounidenses, ha sido Jaime quien se ha dedicado a promocionar las descargas gratuitas que se ofrecían, a recordar las organizaciones a las que se podía donar dinero (recaudaron 30.000 dólares en 48 horas) y a explicar cómo se habían compuesto aquellos fascinantes 11 temas, grabados en Los Ángeles y en los que parecen invitados como 2 Chainz, Zach de la Rocha (Rage Against The Machine) Pharrell Williams, DJ Premier, Josh Homme (Queens Of The Stone Age) o la mítica cantante soul Mavis Staples.

“En mi vida he abrazado tantas veces a una persona que no conocía de antes. Estábamos en el estudio y no podía parar”, recordaba en una entrevista a mediados de mayo El-P. En un tuit le preguntaban sobre la frase I can’t breathe (el “no puedo respirar” que repitió tantas veces Floyd antes de dejar de respirar para siempre y que es lema de estas protestas) que se incluye en el tema Walking in the Snow. ¿La habían incluido a última hora? “No, la escribió Mike en noviembre del año pasado”, respondía El-P. Para este disco, el de Nueva York ha vuelto su sonido incluso más abrasivo, algo así como poner al Bomb Squad de Public Enemy a jugar al Fortnite. Incluso en los momentos más pausados (los dos últimos cortes del largo), RTJ4 es inquietante, nervioso. Como la sociedad estadounidense, da la sensación de que todo va a explotar. Y aquí, bueno, explota. Killer Mike y El-P no son activistas bienintencionados ni músicos amaestrados. Son radicales. Uno es Philip K Dick con un portátil y el otro es Malcolm X con un micrófono. “Quiero seguir hasta que seamos tan grandes como todos los grandes a los que admiro. Quiero que entremos en Rock and Roll Hall Of Fame. Vamos a seguir hasta lograrlo”, comentaba Killer Mike en una entrevista con The New York Times.

“El momento es ahora.Pedisteis a mi padre que esperara, a mi hermano que esperara, a mi tío que esperara. ¿Cuánto tiempo tengo que esperar para la libertad?, ¿Cuánto tiempo tengo que esperar para los derechos, y la igualdad y la libertad?”. Esta fragmento pertenece al anuncio que se grabó en febrero de este año para la campaña de Bernie Sanders. Es otro discurso viral de Killer Mike. Para algunos, el mejor anuncio electoral jamás rodado. El momento no fue entonces. El veterano senador por Vermont abandonó semanas después la carrera presidencial. Cuatro meses después, tal vez sí haya llegado ese momento. El del cambio y el de Run The Jewels.

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