Romper el aplauso

Hace tiempo que la idea de lo políticamente correcto funciona como un estigma para silenciar aquello que se busca erradicar en el debate público. La implacable ola reaccionaria señala con el dedo a una supuesta moral puritana caracterizada por su radicalismo izquierdista. El mantra ultra ataca eso que llamamos consenso, y los voceros patrios de Bannon intentan degradarlo acompañándolo del epíteto progre. Uno de los últimos consensos rotos es el de los aplausos a los profesionales de la sanidad. En nombre de la libertad, algunos se arrogan el derecho a boicotearlo con una cacerolada porque aplaudir, por lo visto, ya forma parte del espacio de lo políticamente correcto. El argumentario reaccionario abandona ese lugar de encuentro aideológico, según dice, para introducir mayor pluralidad y libertad en el espacio público. Es una lógica falaz, pues el resultado de romper los aplausos es la polarización social, no la pluralidad.

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