Ricky Rubio, un MVP en el diván

Antes de aterrizar en China, en la cabeza de Ricky Rubio (28 años, 1,93 metros) solo existía un objetivo. El oro. La ambición máxima. Determinación nunca antes vista en el catalán, más acostumbrado al segundo plano y a la filigrana. No esta vez. Este Mundial era distinto, pues sin referentes como Pau Gasol o Navarro, le tocaba a él asumir ese agujero y lo hizo con naturalidad desde el primer día. Misión cumplida.

El mejor Ricky de la historia con la selección, y son ya once años desde que debutó, ha aparecido cuando más lo necesitaba el equipo. Líder anotador y espiritual. Hace tiempo que el base se despojó de la mochila que le impedía brillar. La que fue cargando como adolescente precoz y que se convirtió en un lastre para él ya en la NBA. La presión mediática, las lesiones en la rodilla, la muerte de su madre… Demasiado para cualquiera, incluso para un fenómeno como él. Fueron años complicados en la sombra, aunque los aprovechó para crecer. Para utilizarlos como inspiración. «La experiencia acumulada es muy importante. Debemos aprender de ella y yo lo he hecho», reconocía en ABC antes de viajar al Mundial, donde ha sido elegido MVP del torneo. Campeón inesperado con España.

En esa mejoría mostrada en el torneo se vislumbra la mano de Raúl López, el que fuera base internacional, con el que Ricky ha compartido sus días durante toda la temporada pasada en Utah. «Me ha ayudado muchísimo. Ha sido una persona que me ha puesto a otro nivel, no solo táctica, sino mentalmente. Me ha ayudado mucho a través de sus experiencias. Para mí es el base con más talento de toda la historia de España, al que las lesiones no le dejaron sacar todo lo que tenía dentro. Una de las primeras cosas que le dije cuando nos reunimos fue eso, que me ayudara a sacar todo lo que tenía dentro», explica. Y lo ha conseguido. 16,4 puntos de media y 6 asistencias, sus máximos con la selección. El jugador que siempre se esperó y que nunca terminaba de explotar.

Dedicatoria al cielo

Tras ganar el oro, Ricky se sentó en el podio, silencioso. Con sus premios de integrante del cinco ideal -donde le acompañaron Bogdanovic, Scola, Fournier y Marc Gasol– y del MVP del torneo, el base alzó el puño, como siempre. Una rosa. La que recuerda a su madre Tona. «Estando ahí, vienen muchas imágenes a la cabeza. Quieres saborearlo porque es un momento que va a quedar de por vida. Algún día le contremos a nuestros hijos y a nuestros nietos que este equipo ganó la Copa del mundo. Soñé este momento. Lo trabajé a diario durante todo el verano. Solo tenía este objetivo y se ha cumplido», reconocía el catalán, que tuvo palabras de recuerdo para sus compañeros y también para su familia. «A Llull, que hace dos años sufrió una de las peores lesiones del deporte. Ha pasado dos años muy jodidos y ha hecho un campeonsto para sacarse el sombrero; a Claver, que siempre ha hecho el trabajo sucio, nunca ha sido reconocido y él ha seguido sin quejarse. Nos ha dado muchísimo en este campeonato; a Marc, que siempre ha sido el ‘hermano de’ y está escribiendo su nombre él sólo; y a mi compañero de habitación (Rudy), que tiene un compromiso del que se tiene que aprender», apuntó.

Soñar en grande le ha venido bien a Rubio, que tras subir a lo más alto del podio con España mira ahora con ilusión hacia la NBA. Allí comenzará en los Suns su novena temporada, otra vez lejos del anillo, aunque sin olvidarse de él. «Ojalá pueda un día hablar sobre eso también porque haya ganado el campeonato». Otro sueño que parece imposible, pero no para este Ricky renovado que vuelve a ser el niño que asombraba a todos. Que se sentía superior y que resultaba imparable. Como en aquel Europeo sub 16 que ganó días antes de que España fuera campeona del mundo en 2006. Entonces, soñaba con ser uno de esos jugadores. Ya no tiene que hacerlo más.

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