¿Residencias, villas de retiro, casas compartidas? Cómo va a vivir la jubilación una generación sin hijos ni ahorros | ICON Design

Jubilarse en un barrio franquista

San Andrés del Rabanedo es uno de esos municipios colindantes donde no hay turismo ni comercios. Uno de sus barrios, La Pinilla, fue creado en los años cuarenta y sesenta por la Obra Sindical del Hogar y el Instituto Nacional de la Vivienda para las personas que vivían en el que hoy es el Pantano de Riaño. «Está formado por casas pequeñísimas, de 40 y 45 metros cuadrados, donde han vivido familias de más de cuatro personas. No existe movilidad vertical –ascensores– ni movilidad horizontal. A ciertas edades una bañera puede ser un obstáculo», afirma.

Óscar recuerda que en su visita al barrio se le «cayó el mundo a los pies al ver una señora que sufría muchísimo porque tenía un problema de artritis. Tenía que bajar desde un tercer piso a la planta baja para hacer la comida porque las antiguas carboneras, que se situaban allí, fueron convertidas en cocinas. Esa señora estaba sola, no vivía con nadie, y tenía que subir las escaleras varias veces al día».

Lo que Ares propone es más económico que construir residencias. «En vez de invertir recursos públicos en construir residencias, que son caras, se podrían destinar a la rehabilitación de viviendas donde hay una gran cantidad de personas mayores. El coste de adaptar 500 casas es el equivalente a construir tres residencias», afirma. «Adoptemos soluciones inteligentes, como es mejorar los barrios para crear un ambiente agradable, y reformar pisos que están en situaciones paupérrimas», apunta.

«Hay un porcentaje de la población envejecida muy elevado, pero el panorama que está por venir es desolador. Yo vivo en Valladolid, donde el 25,6% de la población tiene más de 65 años. Para el año 2050 se prevé que sea el 37% y que la población haya disminuido un 27%. La situación será peor en Zamora, Salamanca o León, entre otras provincias. Según Naciones Unidas, en 2050 España va a ser el país más envejecido del planeta», apunta. Estos datos fueron publicados en un estudio presentado por la arquitecta Paz Martín, ganadora de la beca Leonardo y autora de la exposición Envejezando.

¿Qué hacemos con la ‘marea gris’?

Ares tiene ahora 46 años, es joven. Pero cuando pone la vista en su vejez se preocupa. Hay un cambio educativo y generacional: «Mis hijos no van a cuidar de mí, como ocurre en estos pueblos». Uno se pregunta de dónde va a salir el dinero para construir tantas residencias si las pensiones están en entredicho. Este arquitecto vallisoletano ve como única solución emplear los pocos fondos que hay en realizar pequeñas intervenciones: «Lo más caro es poner un ascensor. El resto es barato: colocar duchas donde había bañeras, bajar la altura de las encimaras o colocar dispositivos que conecten con la teleasistencia».

Pero no todos los recursos deben provenir del Estado. La marea gris, funesto término con el que se conoce este fenómeno demográfico, puede convertirse en un foco generador de empleo. «Por cada tres mayores hará falta un trabajador», opina Óscar. Muchos mayores del futuro, los jóvenes de hoy, no tendrán hijos ni herencias que dejar. Querrán viajar, cenar en restaurantes, disfrutar de sus aficiones… Será un nuevo modelo económico. Con suerte las residencias convencionales dejarán de ser la única opción. «Los que tengan capacidad económica podrán optar por modelos como las residencias, el cohousing o los pisos tutelados».

En un mundo ideal, el que sueña Ares, las nuevas residencias se parecerán más a hoteles y no a pasillos con depósitos para mayores. Él mismo construyó esta utopía en Aldeamayor de San Martín (Valladolid). Su residencia fue galardonada en la XVI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo y ha obtenido reconocimientos en Nueva York y Venecia; además ha sido seleccionada como uno de los proyectos que van a representar a España en la próxima edición de la Bienal de Venecia.

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