Recalibrar la mirada

Este virus que ataca nuestros pulmones ha agravado la sensación de asfixia. Al calentamiento global, que ya había disparado todas las alarmas, se suman una economía necesitada de respiradores, los duelos reprimidos y los proyectos paralizados. Pienso en esto en la calle de Arimon de Barcelona, junto a un árbol singular cuyas ramas crean un espacio umbrío que alivia el bochorno. Se trata del azufaifo bicentenario que la escritora Isabel Núñez logró salvar, en 2007, ante la vorágine urbanística de esta ciudad “nerviosa”, como la calificó Enrique Vila-Matas. Su refrescante sombra, apreciada ya con cierta perspectiva covídica, es un recordatorio de que luchar por un árbol no es un capricho. Su tala indiscriminada, confirman los estudios, aumenta el riesgo de epidemias.

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