Quien ríe el último | Cultura

“El secreto de la gracia de los clowns es que se caracterizan de calaveras”, sintetizó Gómez de la Serna en una greguería que tiene su réplica en una cartelera donde el Pennywise de It. Capítulo 2 y el Arthur Fleck de Joker proponen, cada uno a su manera, que el secreto de la eficacia de la Muerte está en caracterizarse de clown. En la película que Todd Phillips ha dedicado a la génesis del célebre supervillano del universo D. C., el Joker deja en suspenso el remate de un chiste en plena emisión de un programa televisivo. Su presentador, Murray Franklin -interpretado por un Robert De Niro en el que confluyen la memoria de Travis Bickle y Rupert Pupkin: la película es una cámara de ecos-, le indica que tanto él como su audiencia están esperando ese remate, la punchline. “Aquí no hay punchline”, replica el tortuoso personaje, al que Joaquin Phoenix insufla un retorcimiento expresionista sin parangón desde Conrad Veidt. Los detractores de la película no pueden decir lo mismo, porque, al final de la controversia que ha rodeado al estreno, sí ha habido al menos una punchline bastante sorprendente.

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