¿Quién es el responsable?

Al comienzo de la primera ola de la pandemia supimos bien qué países habían actuado mejor o peor para contenerla. Los datos objetivos permitieron establecer comparaciones adecuadas. También dentro de España o entre regiones europeas. Luego la cosa se desdibujó. Alemania, el primero de la clase, empezó a sufrir en la segunda ola un embate similar al que azotó a los países del sur del continente durante la primera. Al tratarse de una emergencia sanitaria, el único criterio objetivo que marcó la diferencia fue la robustez relativa de los sistemas de salud, o el mayor o menor aislamiento de cada país a los flujos de personas. No es lo mismo Nueva Zelanda, una isla —y remota—, que otra como el Reino Unido, uno de los Estados más conectados a la globalización.

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