Quédate en casa

Viviendo en Madrid es difícil concentrarse en los mecanismos de la ciencia y la medicina que, al final, serán los que resolverán la crisis pandémica. En esta ciudad todo el mundo está más preocupado por entender el laberinto legal que rige sus destinos, particularmente durante el no-puente que se nos viene encima. Algunos vecinos de Batán, un barrio madrileño muy cercano a la A-5 que lleva a Extremadura, fueron ayer devueltos a toriles por la policía. Si se hubieran ido una hora antes, como hicieron muchos otros, habrían disfrutado de la encadenación festiva tanto como habrían hecho sufrir a sus regiones de destino. La acción del Gobierno al decretar el estado de alarma es comprensible, ante la lentitud y el obstruccionismo de la presidenta madrileña. Pero también hay que comprender la confusión de los vecinos y su creciente irritación.

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