Puy du Fou: De los visigodos a Colón: el parque temático francés que recreará en Toledo la historia de España | Economía

Son casi las tres de la tarde y cerca de 6.000 personas ocupan ya las gradas de un anfiteatro romano levantado en medio del campo, en la comarca rural de La Vendée, al oeste de Francia. No saben lo que les espera: combates de gladiadores, leones y tigres paseando a escasos metros de sus asientos y una carrera de cuadrigas que parece sacada de Ben-Hur. Unas horas antes han estado en el siglo XVII viendo juntos al cardenal Richelieu, los tres mosqueteros y a Cyrano de Bergerac entre acrobáticos combates de espadachines y danzas flamencas sobre un escenario que se va inundando mientras avanza la acción. El efecto en el público —colegios, jubilados, familias— es el mismo: ohs, ahs, aplausos a los buenos y buuuus a los malos. Esta mezcla de historia, leyenda, espectáculo y alarde técnico es Puy du Fou, un veterano parque temático francés que en breve inaugurará su homólogo en España, en Toledo.

El proyecto español tiene asegurada una inversión de 242 millones de euros —Mapfre es, tras el propio Puy du Fou, que se reserva el 50,02%, el mayor accionista con un 19,38%; cinco bancos, entre ellos Caixabank, con 25 millones, aportan la financiación— para empezar este mes de agosto con un único espectáculo nocturno al aire libre y de gran formato que recorre 1.500 años de la historia de España, desde el rey visigodo Recaredo hasta la llegada del ferrocarril a Toledo, pasando por los Reyes Católicos y Cristóbal Colón. Con 180 actores, 31 caballos, drones y efectos especiales que los responsables aún no quieren desvelar. El grupo francés ha comprado en los Montes de Toledo 160 hectáreas con la idea de ir creciendo: en 2021 está previsto que abra el parque propiamente dicho con cuatro espectáculos diurnos y tres reconstrucciones de época (pueblo castellano medieval, venta manchega y campamento morisco) con artesanos y oferta gastronómica.

Puy du Fou, a menos de una hora en coche de Nantes, es un parque atípico. Para empezar, no hay atracciones. Tampoco espectáculos para mayores y para niños: todo es para todos. Y no se ve un metro cuadrado de asfalto: el parque está integrado en un bosque con 150 especies de árboles y 25 kilómetros de senderos. El clima, fresco y húmedo, ayuda. Aquí la estrella no es la montaña rusa que corta la respiración, sino los espectáculos. Lo define bien Irene Prieto, bailarina española de 26 años: “Las atracciones somos nosotros”.

Toledana, Prieto fue escogida en un casting para formar parte del show en su tierra. Antes había trabajado en Port Aventura, en el espectáculo mexicano. «A los artistas nos gustan más este tipo de parques sin atracciones, porque dan más peso a nuestro trabajo». Prieto lleva unos meses formándose en Puy du Fou, como otros 22 españoles, que en junio volverán para coordinar a sus compañeros en Toledo. Atiende a EL PAÍS, que fue invitado al parque, nada más terminar la representación de Los mosqueteros de Richelieu. Esta vez ella ha participado en el baile flamenco sobre el agua y su compañera, Celia López, talaverana de 26 años, ha interpretado a la reina. No siempre hacen los mismos papeles. Una de las características de Puy du Fou es que un actor puede ser protagonista un día y el bailarín de al fondo a la derecha al siguiente.

Creación de empleo

La creación de empleo en la región es uno de los puntos fuertes del proyecto. Así al menos lo han entendido las administraciones regional y local, que lo apoyan con entusiasmo. Puy du Fou España no tiene subvenciones, pero Sodicaman (Sociedad para el desarrollo industrial de Castilla-La Mancha), sociedad de mayoría pública que aporta financiación a nuevos proyectos, también es accionista, con un 5,1%.

En enero el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, asistieron al inicio de las obras —no fue una primera piedra sino la plantación de una primera encina, quizá para tratar de apaciguar las críticas de un grupo ecologista—. Durante los trabajos, Puy du Fou emplea a 600 personas. Serán 200 (entre ellos, 180 actores y jinetes) cuando empiece a representarse el espectáculo, llamado El sueño de Toledo, el 30 de agosto. En cinco años el parque de Toledo empleará a 1.000 personas, según David Nouaille, director general adjunto.

Muy desconocido en España, Puy du Fou es una institución en Francia, con 2,3 millones de visitantes en 2018: el parque temático más frecuentado solo por detrás de Eurodisney. También es muy reputado en el sector —ha ganado dos veces el premio al mejor parque del mundo— y entre los artistas y especialistas de cine como Adrián Padilla, de 25 años, que durante unos meses hace varios papeles en el espectáculo de temática medieval El secreto de la lanza, ambientado en la época de Juana de Arco. Esta vez ha interpretado a un campesino al que arrastra del pie un caballo por todo el escenario. Padilla estaba trabajando en La casa de papel como especialista cuando le llamaron: había pasado el casting de acróbata y esgrimista para Toledo. “Vi más oportunidades aquí”, dice.

Los orígenes de Puy du Fou

El germen del actual parque de Puy du Fou está en la iniciativa del padre del actual presidente, el expolítico conservador francés Philippe de Villiers. En 1978 escribió y puso en escena un espectáculo nocturno, al aire libre, basado en la historia de Francia, la Cinéscénie, que tuvo 5.000 espectadores y que representaron voluntarios de los pueblos cercanos. A mediados de los ochenta, cuando Disney buscaba localización para su parque europeo, decidió crear un parque temático “a la francesa”. Puy du Fou se inauguró en 1989 (se adelantó a Eurodisney, que abrió en 1992). La Cinéscénie, anexa al parque, sigue celebrándose cada verano con 2.400 voluntarios de tres generaciones. Las 13.000 entradas de la primera representación de esta temporada se vendieron online en 59 segundos.

Los visitantes de Puy du Fou pueden dormir en el parque. A lo largo de los años se han ido construyendo varios hoteles que recrean con detalle distintas épocas históricas: una villa galo-romana, unas cabañas construidas sobre pilotes con techos de cáñamo al estilo de las aldeas del primer milenio, una fortaleza medieval y en tiendas como las que quizá usaron Francisco I y Enrique VIII en su encuentro en el siglo XVI. En el parque español, sin embargo, no está previsto construir hoteles temáticos. «Hay hoteles muy buenos en Toledo, excelentes, y estamos muy cerca de la ciudad. Aquí no había ninguno», dice Nicolas de Villiers, presidente de Puy du Fou.

Con un volumen de negocio de 112,7 millones de euros, el parque ha revitalizado la economía de la zona. En los anuncios inmobiliarios de venta y alquiler de Les Épesses, el pueblo más cercano, la principal característica, destacada antes incluso que el estado de conservación, es la distancia a Puy du Fou. En temporada de apertura (primavera a otoño) trabajan allí 1.900 personas y se crean otros 4.700 empleos indirectos. También es rentable, pero a su manera: no da dividendos porque no hay accionistas. Los beneficios se reinvierten en construir nuevos escenarios, cada vez más apabullantes desde el punto de vista técnico, que acogen creaciones como El último penacho, basada en una matanza ocurrida en la Vendée durante la Francia revolucionaria. La platea, que acoge a 2.400 espectadores, gira sobre sí misma de forma que el público sigue la acción del escenario circular en 360 grados, como si asistiera a un gigantesco plano secuencia con varios escenarios que mezclan imágenes proyectadas en las pantallas y decorados reales con actores.

“Nuestro objetivo no es ganar dinero sino crear espectáculos cada vez más bellos”, dice De Villiers. El proyecto español sí tiene accionistas, pero estos saben que los beneficios llegarán a medio o largo plazo. “Hemos invertido por una cuestión reputacional, por asociarnos a un proyecto interesante”, dicen fuentes de uno de los accionistas. De Villiers asegura que no hay que contemplar el parque de Toledo en el corto plazo: “Queremos conquistar el corazón de los españoles y eso llevará tiempo. Pero vamos con mucha humildad. Napoleón no entendió en absoluto a los españoles”, dice entre risas.

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