Pulpo a la gallega con patatas

El pulpo a la gallega es una tapa tradicional que podemos pedir en bares o restaurantes -con mayor o menor éxito, como sabrá cualquiera que haya masticado ejemplares a medio camino entre un chicle revenido y una goma de borrar, pero a precio de oro- y también preparar en casa. Para asegurarnos de que el pulpo queda tierno, podemos usar uno fresco que habremos congelado previamente en casa o comprar uno que ya esté congelado. ¿Saldrá bien si lo hacemos con un pulpo que no sea gallego? Estrella Justo, al frente de la tienda Ego Galego, reconoce que el pulpo se ha hecho tan popular que en Galicia hace tiempo que empezó a escasear. “Con el que se recoge en Galicia no da ni para un tercio del consumo nacional. Hay pulpo en muchas otras zonas del resto del mundo, y dentro de eso hay calidades. El mejor es el que, sin ser gallego, es de la misma especie: el Octopus Vulgaris. Aunque en Galicia los acantilados rocosos y el tipo de costa que tenemos hace que desarrollen las patas más largas y musculosas”.

El agua fría también mejora su calidad: “En Marruecos, aunque sea la misma especie, se cría en zonas arenosas y de agua más caliente, por eso no es igual que el Gallego (aunque está bastante bien). Fuera de Galicia, los sitios donde tiene más calidad es en Mauritania y Dajla”, asegura la experta. La cocción también es importante: dejarlo en el punto para que quede tierno pero no chicloso y “asustarlo” tres veces para que no se despegue la piel.

Justo también nos aclara que el origen de los famosos cachelos -que viene de “cachos”, trozos-, “eran las patatas que germinaban y se usaban para plantar, pero a día de hoy se refiere a patatas cocidas. Es un concepto que cambia un poco en función de la zona: en el interior -Verín, Ourense, etc- el cachelo son patatas cocidas solas en agua y sal, que se cortan y se ponen como base o acompañamiento de cualquier plato de carne o pescado (guisos, pulpo o merluza).

En cambio en la zona de costa llaman así a las patatas cocidas con piel, que se sirven tal cual, enteras o partidas a la mitad”. Cuando fue a vivir fuera de Galicia, Estrella descubrió que hay quien llama cachelos a las patatas gallegas aunque están crudas, ya que se las piden así muchas veces en la tienda (en Barcelona). Yo usé unas patatas gallegas Kennebec bastante grandes y las corté a rodajas, ya que no encontré de las pequeñas.

Aunque las recetas que encontré recomendaban siempre cocinar primero el pulpo y luego la patata, o las patatas aparte, me pareció recordar que las pulpeiras lo cocinaban a la vez y pregunté a Jorge Guitián, experto en historia de la gastronomía, divulgador y gallego de pro y me dijo que por supuesto tenía todo el sentido. “Las pulpeiras llevan una sola olla en la que van cociendo pulpos, sin cambiar un agua que pronto se convierte en un caldo sustancioso”. Guitián nos cuenta que también van cocinando tandas de patatas en él, a veces usando rejillas para poder sacarlas con facilidad cuando están listas, y también que en algunas zonas no es habitual que el pulpo se sirva con las patatas, que se tienen que pedir aparte. “Además, las pulpeiras suelen mojar el plato entero en el agua de cocción, que sirve a la vez como calientaplatos y para que el plato no chupe el aceite. Así se consigue una mezcla de jugo, aceite, sal y pimentón que, mojada con un buen pan, no tiene mucho que envidiarle al pulpo”. A mayores juegan en la liga de los de Ousá, Carral, Cea o Neda: no hay fallo.

Dificultad

La de encontrar un buen pulpo, unas buenas patatas, cocinarlo todo el tiempo justo y que el aliño esté a la altura. Poca broma, vamos.

Ingredientes

Para 4-6 personas

Preparación

Podemos hacer las patatas de tres maneras:

Si haces esta receta, comparte el resultado en tus redes sociales con la etiqueta #RecetasComidista. Y si te sale mal, quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!