¿Puede Copenhague convertirse en la primera capital neutra en carbono? | Blog Seres Urbanos

Europa tiene aproximadamente unos 513 millones de habitantes de los cuales más de un 70% viven en ciudades. El papel fundamental que tienen las urbes en la reducción de la contaminación por carbono y la adopción de una verdadera sostenibilidad se enhebra en la evaluación que realizará la Agencia Europea del Medio Ambiente este 2020.

Cada una de las ciudades europeas adopta posiciones distintas e independientes para frenar la contaminación; cada una gestiona sus residuos y recursos a través de una planificación (más o menos) integrada y un uso (más o menos) eficiente del suelo.

El caso de la ciudad de Copenhague es excepcional porqué está adoptando objetivos nacionales que van más allá de la reducción de carbono, la adopción de energías renovables y la reducción significativa del transporte de motor. Es decir, la capital danesa se ha planteado el reto de convertirse en pionera en el mundo en alcanzar la neutralidad de carbono para el año 2025.

Este objetivo no es reciente, sino que hace más de una década que el programa climático de la ciudad se planteó este reto fundamentado principalmente en tres pilares: la arquitectura, la energía y el transporte público.

La arquitectura danesa tiene un papel central, tanto en los sistemas constructivos adoptados como en la funcionalidad y uso de las edificaciones. De esta manera, se planteó la idea de construir gradualmente ecobarrios implementando edificios de fachadas vegetales con el fin de regular la temperatura y a la vez, recolectar agua de lluvia.

Además, otro de los objetivos fue buscar la multifuncionalidad tanto en edificios existentes como de nueva construcción. De este modo, no sorprende encontrar edificios como el Park’n’Play, un bloque de aparcamiento de coches que tiene una zona de juegos en su azotea, así como un supermercado y un área de reciclaje en su planta baja. Otro ejemplo de multifuncionalidad en pleno centro es el Gasoline grill, una hamburguesería que a la vez, reutiliza las instalaciones de una antigua gasolinera —ahora adaptada para cargar coches eléctricos—. Y, uno de los ejemplos más sorprendentes es el Copenhill, una planta que convierte residuos en energía, y que además, contiene una pista de esquí en su tejado.

El segundo pilar fundamental se basa en el uso de las energías renovables. Ya en el año 2000, Copenhague disponía del parque eólico más grande del mundo, el Horns Rev 2. Hoy por hoy, el 40% de la electricidad danesa proviene del viento y, este parque eólico en alta mar proporciona electricidad a más de 425.000 hogares. Sin embargo, el gobierno de la ciudad plantea la necesidad de construir dos parques adicionales marítimos entre la ciudad y Suecia para mejorar el rendimiento de las instalaciones actuales y favorecer a un número mayor de viviendas.

Y el tercero es, sin duda, el transporte público. La línea M3-Cityringen tomó más de quince años en construirse debido a las dificultades tanto políticas como de financiamiento para ejecutarse; pero finalmente, se inauguró en setiembre de 2019. Las estaciones de metro son amplias, accesibles y limpias, con una afluencia de trenes continua (el tiempo de espera es de máximo, 5 minutos), durante 24 horas, todos los días del año. Aun así, la previsión para expandir la red de metro sigue vigente, y se plantea que durante este 2020 se abran tres kilómetros más de tramo y quede totalmente finalizada en 2024, para seguir descongestionando las calles y reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Siendo Copenhague una ciudad en la que el 75% de los habitantes se desplaza a pie, en bicicleta o en transporte público, durante este 2020 se aspira a aumentar considerablemente estas cifras. En la actualidad, la capital danesa es una de las ciudades más transitables del mundo y además tiene 375 kilómetros de carriles para bicicletas, con un diseño pensado y dirigido para la gente. Los carriles para la bicicleta son amplios —de un ancho mínimo de tres metros—, con lo cual invita a que infantes, adultos y mayores los utilicen. La ciudad ha invertido en puentes e infraestructuras exclusivamente para peatones y ciclistas (sin aislar el vehículo de motor), siempre priorizando el paso a pie o sobre dos ruedas. Pero lo que hace que la sociedad danesa funcione, es principalmente el comportamiento cívico; se penaliza a quienes incumplen las normas viales ya sean peatones, ciclistas o conductores de vehículos de motor.

Cabe recordar que el diluvio de 2011 causó muchos daños y pérdidas monetarias en la ciudad; y quizá este hecho fue un catalizador para implantar este cambio social y urbano.

Tal como se ha mencionado, cada ciudad gestiona y controla sus recursos. Mientras en muchas ciudades españolas se implantan tímidas medidas para reducir las emisiones, se sigue potenciando el uso del coche e incrementando las tarifas de transporte público sin facilitar ninguna mejora, la capital danesa se plantea retos envidiables. Según las estadísticas, un 90% de los daneses encuentra fácil moverse por la ciudad y el mismo porcentaje está satisfecho de la infraestructura para las bicicletas. Un 75% se mueve en transporte público, a pie o en bicicleta. Las emisiones se han reducido en un 38% desde 2005 y el riesgo de inundaciones extremas en un 30%. Hoy por hoy, la capital danesa es una ciudad viva; es, en definitiva, una ciudad para la gente —tal como destaca el arquitecto danés Jan Gehl—.

Así, el secreto de Copenhague es apostar por una reconfiguración activa del transporte público local (más líneas de metro sin conductor, mejores instalaciones de autobús, carriles bicicleta y potenciar el uso compartido del coche), por mejoras en los recursos energéticos (como la calefacción en la vivienda) así como una implantación real de barrios entendidos como laboratorios de vida urbana.

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