«Pronto. ¡Montalbano sono!»

Retorcido. Inteligente, culto y con un marcado sentido de la Justicia (que no necesariamente de la ley), Camilleri presentó en una ocasión a Montalbano como «un hombre al que se puede invitar tranquilamente a una cena familiar», aunque detrás de esa pátina de normalidad hay mucho más. A saber: un tipo sosegado pero de humor retorcido y cambiante como el siroco y con especial habilidad para el exabrupto explosivo. Con el tiempo, Camilleri llegó a descubrir que con Montalbano estaba recreando la figura de su padre. Verso (casi) libre. En alguna ocasión Camilleri explicó que, a la hora de escoger el rango de Montalbano, optó por la figura del comisario ya que, a su entender, «estaba menos obligado a someterse a determinadas reglas de las que los carabinieri no pueden prescindir». Lo mismo parece aplicarse a su vida sentimental y a su relación con Livia, compañera eterna que, sin embargo, sigue viviendo en Génova. Lector voraz. En la treintena de títulos que conforman la saga Montalbano, vemos cómo el comisario se va perfilando como un lector entusiasta que disfruta de la obra de maestros como Pirandello, Sciascia, Dylan Thomas, Eliot o Bufalino. Autores todos ellos que, seguro, nunca han faltado en la biblioteca de Camilleri. Gastrónomo. Pasta con ajo y aceite, atún con salsa, albóndigas, pappanozza… Como a su colega Pepe Carvalho, a cuyo autor Camilleri quiso homenajear aprovechando que Montalbano es un apellido muy extendido en Sicilia, a Salvo Montalbano también le pirra la cocina y ha resuelto no pocos casos entre los fogones de la hostería San Calogero y la Trattoria de Enzo ¿Sus favoritos? Arancini, caponatina, conejo a la cazadora y, cómo no, cannoli. Cocina mediterránea para convertir el negro de las novelas en un crisol multicolor. Envejecido. A Salvo Montalbano lo conocimos en 1994 en «La forma del agua», primera novela de la serie. En aquel momento, Camilleri lo puso en circulación con 43 años. Para cuando llegó «La danza de la gaviota» el comisario ya tenía 57 años y se sentía viejo. Tiene insomnio, su relación con Livia sufre nuevos altibajos y poco a poco va perdiendo facultades. El final de Montalbano, dijo Camilleri recientemente, está escrito desde hace años. «Es un final sin derramamiento de sangre. Tampoco se jubila», avanzó, enigmático. Siciliano. Nacido en el pueblo imaginario de Vigatà, trasunto del Porto Empedocle natal de Camilleri, Montalbano es el mejor vehículo imaginable para acercarnos a la sociedad siciliana. Está la mafia, sí, pero también esa constelación de robos, secuestros, chantajes y asesinatos que da forma al sórdido paisaje de la isla. Televisivo. El éxito de la saga literaria protagonizada por Montalbano se tradujo en 1999 en una adaptación televisiva en la RAI que, bajo el título de «Il commissario Montalbano», llevó a la pequeña pantalla más de una veintena de casos del comisario italiano. Superventas. 26 millones de ejemplares sólo en Italia, 35 millones en todo el mundo, traducciones a 40 lenguas… Los números de Montalbano siempre ha sido de récord y a buen seguro que lo serán aún más a partir de ahora.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!