Prestar arte como si fueran libros | Blog Alterconsumismo

¿Arto-qué? La artoteca es un galicismo muy reciente. Acuñó la palabra el escritor francés André Malraux allá por la década de los sesenta del siglo XX cuando inauguró la que sería la primera artoteca del mundo, abierta en Le Havre (Francia) en 1961. Prosperaron las artotecas al correr de los años por todo el territorio francés sobre todo a partir de la década de los ochenta y gracias a la iniciativa del Ministerio de Cultura. Hoy en día son casi una treintena repartidas por todo el hexágono, y la iniciativa ha sido exportada más allá de las fronteras, a Alemania, Finlandia, México y ahora llega a España.

La artoteca, por decirlo en pocas palabras, es a la obra de arte contemporáneo lo que la biblioteca es al libro. Malraux quería con su iniciativa acercar la expresión artística al gran público y sobre todo a las “provincias”, pues así se conoce a la Francia que no es París. Hablamos de todo ello hace años en el post No al Museo, sí a la Artoteca, donde desgrané mis argumentos en contra de los museos, que se me antojan las más de las veces cementerios de arte, y a favor de ellas.

La Artoteka (así, con “k”) que acaba de nacer en Bilbao es un proyecto impulsado por las organizaciones Sarean, Wikitoki y Karraskan dentro del marco europeo Reshape y cuenta con la subvención del Departamento de Cultura de Gobierno Vasco, del Ayuntamiento de Bilbao y con el apoyo de Azkuna Zentroa – Alhóndiga Bilbao. La puesta en marcha de la iniciativa ha sido coordinada por Laura Díez, Iranzu Guijarro y Marina Urrutikoetxea. Según se lee en la página web de Artoteka, quieren acercar “el arte contemporáneo a la vida cotidiana para disfrutar, experimentar y aprender con las obras” y de momento circunscriben su acción al territorio de Bizkaia.

La flamante Artoteka expone desde el pasado 23 de enero y hasta el próximo 11 de abril en la Mediateka BBK de Azkuna Zentroa – Alhóndiga Bilbao una exposición de obras de 10 artistas locales residentes en Bilbao. A diferencia de las exposiciones convencionales, aquí el visitante puede irse, como quien dice, “con la obra puesta”. El préstamo es como mínimo de tres meses; el transporte y montaje de las obras se realiza bajo la supervisión del equipo de Artoteka.

La obra expuesta quiere mostrar la diversidad y la riqueza de la creación contemporánea local. Se trata de una colección híbrida, puesto que incluye dibujo, fotografía, pintura, escultura, vídeo, etc. Los y las artistas que participan en esta primera colección de Artoteka son Belén Cerezo, Helena Goñi, Juana García-Pozuelo, Mawatres, Raisa Álava, Raquel Asensi, Raquel Meyers, Saioa Olmo, Tunipanea y Victoria Ascaso.

Según me cuenta Marina Urrutikoetxea, una de las coordinadoras, la presentación de la iniciativa recibió una muy buena acogida por parte del público. A los pocos días ya tenían una primera usuaria e instalaron la obra seleccionada en su hogar. Y para esta misma semana tenían ya agendadas otras entregas e instalaciones de creaciones artísticas en casa de los usuarios.

La iniciativa busca difundir el patrimonio artístico contemporáneo, pero no solo eso. También quiere generar a la vez encuentros entre los artistas y la ciudadanía. Y por eso están ya organizando talleres de varios artistas en organizaciones locales: en una asociación que trabaja con personas que se encuentran en la calle, en un instituto y en una escuela para personas con discapacidad intelectual.

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