Porno, adulterio y un tiro en la cabeza: el misterio de la ‘Lolita de Long Island’ | ICON

Amy Fisher salió de prisión el 11 de mayo de 1999, algo menos de siete años después de ingresar. Tenía 25 años. En 2003, con 29, se casó con Louis Bellera, un expolicía neoyorquino reconvertido en fotógrafo de bodas al que conoció a través de Internet. Louis era 24 años mayor que Amy y tenía cierto parecido con Joey Buttafuoco. Tuvieron tres hijos. 

En el año 2007 la nueva cultura de la celebridad del siglo XXI se metió de lleno en esta historia. 15 años después del intento de asesinato, de la prostitución de menores y de la sentencia por violación, Amy y Joey cenaron juntos en Long Island, donde todo comenzó, y anunciaron a la prensa que volvían a ser una pareja. Ella tenía 32, él 53. Nadie se lo creyó, especialmente porque en aquella cena íntima no faltaron las cámaras, que grabaron toda la velada –con ostras, mouse de chocolate y crême brûlée– y confirmaron que un reality show estaba en camino. Por algún motivo, aquel programa no llegó a tomar forma. 

Pero sí sucedió algo que puso a Amy un poco más cerca de Paris Hilton y Kim Kardashian, estrellas de reality shows de la misma década. En octubre de 2007 el marido de Amy (que amenazó con el divorcio cuando ella dijo ante la prensa que había vuelto con Joey, pero volvió a su lado) vendió una cinta pornográfica de la pareja a la distribuidora Red Light. Como en el caso de Kim Kardashian, su intención inicial de denunciar a la productora –en este caso, por sus derechos de imagen– se convirtió después en un acuerdo económico. Amy aceptó incluso promocionar la cinta. 

Entre 2009 y 2011, satisfecha con los resultados económicos de aquella aventura, Amy se convirtió en actriz pornográfica y stripper. Amy y su marido producían sus películas a través de una sociedad conjunta. ¿Sus títulos? Totalmente desnuda y expuesta o En lo más profundo de Amy Fisher. Amy admitió en entrevistas que lo hacía por dinero y que no había contado a sus hijos (que tenían 2, 5 y 9 años) cómo se ganaba la vida. 

Tras dejar el porno, Amy se mudó a Florida. En 2017 regresó a Long Island, donde empezó todo, harta del acoso de sus vecinos en Miami y de que sus hijos fuesen señalados por ser los retoños de la «Lolita de Long Island». Terminó divorciándose de Louis Bellera y le culpó de haberle forzado a hacer pornografía (él lo niega). «Joey y Louis eran el mismo tipo de personas», confesó al New York Post con el tono sereno e inquietante de aquellos que están seguros de no tener responsabilidad alguna de los errores de su vida.

Y remachó: «Dicen que siempre eliges al mismo tipo de persona. Y yo siempre elijo a cabrones».

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