Por qué merece la pena seguir viajando

Annie Hall culmina con uno de los finales más emocionantes de la historia del cine. Alvy Singer, el personaje que interpreta Woody Allen, trata de explicar sus sentimientos tras reencontrarse con su antiguo amor. “Recordé aquel viejo chiste del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina’. El doctor contesta: ‘¿Por qué no lo interna?’. Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas: son irracionales y locas, y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos”. De alguna forma, esta misma frase podría aplicarse a los viajes de placer: pueden ser inseguros, hace calor (o frío), la comida es rara, incluso mala, los aviones son un martirio y contaminan, los retrasos exasperantes, la habitación no es la que esperábamos, no hay forma de encontrar un hueco en la playa, ni una mesa para comer… Pero todos necesitamos los huevos y, además, sin ellos la humanidad sería mucho peor.

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