Por qué estamos viendo episodios repetidos de comedias cuando parece que el mundo se acaba

En otoño llegan los estrenos de series a las cadenas de televisión y a las plataformas de streaming. Pero hay momentos en los que no nos apetece sentarnos a ver el intensísimo dramón de HBO o la penúltima superproducción de Netflix. Lo que queremos es ver episodios repetidos de Friends, dejar Aquí no hay quien viva de fondo o volver a ver The Office desde el principio. Aunque nos sepamos los chistes de memoria.

Intentamos estar atentos a las novedades y nos gusta engancharnos a nuevas historias, pero de vez en cuando tenemos ganas de volver a ver a viejos conocidos. En esta tendencia se juntan muchos factores: cierto sentimiento de nostalgia, por ejemplo, pero también la necesidad de relajarnos. Como explica Raquel Rodríguez Fernández, profesora de Psicología en la UNED, cuando algo nos gusta, tendemos a repetirlo. Y si además se trata de una actividad que no suponen gran esfuerzo cognitivo, como seguir una historia que ya conocemos, podemos dejarnos llevar con más facilidad

Esto puede ser especialmente beneficioso en la actualidad, cuando vivimos una época de incertidumbre en espera de vacunas, tratamientos y confinamientos. Por ejemplo, no necesitamos ni siquiera ponernos un poco nerviosos por si Jim y Pam, de The Office, acabarán liándose o no, y podemos disfrutar ese momento concreto de su relación. O simplemente centrarnos los chistes.

Y, además, sin obligaciones. Recordemos el caso de la última temporada de Juego de Tronos o, antes, el último episodio de Lost: muchos espectadores madrugaban para no tragarse spoilers en Twitter durante la mañana siguiente. Cuando volvemos a ver una serie no solo dan igual los spoilers, sino que además ni siquiera nos sentimos especialmente obligados a prestar atención y podemos trastear con el móvil sin sentirnos culpables. Como dice, con ironía, Fernández, “si no lo hago bien, no pasa nada”.

Ver series sin parar tiene algunos riesgos. En las plataformas de streaming, a un capítulo sigue otro tras una pausa de apenas segundos, y todas recomiendan títulos parecidos a los que acabamos de ver. En las cadenas de televisión se simula, en parte, este modo de ver series, con minimaratones diarias de episodios viejos de The Big Bang Theory o El mentalista, según el caso. Rodríguez advierte que este tipo de comportamientos pueden ser compulsivos y adictivos, aunque por lo general sean inofensivos.

La seguridad de la nostalgia

Cuando volvemos a ver The Office, no solo estamos desconectando durante veinte minutos en los que no pasa nada, sino que, a lo mejor, también estamos volviendo a cuando vimos la serie por primera vez hace diez años. La nostalgia tiende a idealizar un pasado y, aunque eso pueda resultar contraproducente (al falsear nuestra memoria tanto personal como colectiva), también tiene un innegable efecto reconfortante.

Al ver de nuevo una serie que hace años que no veíamos, también comprobamos que nosotros mismos hemos cambiado, como escribe el crítico estadounidense Chuck Klosterman en un artículo sobre Salvados por la campana: cuando volvió a ver algún episodio años después de su estreno, ya en la universidad, se dio cuenta que de que ya no estaba tan en línea con los valores morales americanos típicos que reflejaba la serie.

Ver episodios repetidos de Los Simpson nos ayuda con nuestra introspección, ya que “usamos el episodio o el libro viejo para analizar de forma subconsciente cómo han cambiado nuestras vidas”, explica Cristel Antonia Russell, una de las autoras de un estudio sobre las razones para releer libros y volver a ver series y películas, publicado en la revista académica Journal of Consumer Research. Y no solo hay nostalgia. Según las experiencias que ha recopilado Russell en su trabajo, usamos estos contenidos y reflexiones “para mirar al futuro y hacer nuevos planes”. Y es que algunas de estas series nos han acompañado durante décadas y, en algunos casos, comenzamos a verlas en la adolescencia, un periodo en el que nuestra identidad se está forjando.

A esto se añade que podemos apreciar nuevos detalles que nos pasaron por alto la primera vez, quizás por estar más atentos a la trama. O, por ejemplo, podemos pillar alguna referencia literaria en Los Simpson que hace diez años no conocíamos. Y también es diferente ver un episodio de Aquí no hay quien viva cuando ya se ha convertido en una fuente de memes. Dependiendo de la serie, podemos incluso fijarnos en otros personajes o tramas secundarias, sobre todo en series corales como The Office, Parks & Recreation o 30 Rock.

Y esto no se circunscribe solo a las series, como explica Rodríguez: puede pasar con los libros, por ejemplo, y volver a autores y a personajes que ya conocemos. No necesariamente volver a leer una novela, pero sí, por ejemplo, leer otra historia de Montalbano, de Andrea Camilleri, o del Mundodisco, de Terry Pratchett.

También ocurre con la música: hay momentos en los que preferimos ponernos temas conocidos que darle una oportunidad a discos nuevos. Según un estudio de la Universidad de Lovaina (Bélgica), durante el confinamiento creció la atención que dedicamos a canciones clásicas de pop y el rock. Una posible forma de recuperarse de la incertidumbre y los sentimientos negativos de esos días fue, según el estudio, refugiarnos en la nostalgia que nos recuerda los buenos tiempos.

Entre las canciones que se escucharon más durante el confinamiento, en comparación con los meses anteriores, había éxitos de los 90 (Don’t Look Back in Anger, de Oasis), de los 80 (Africa, de Toto), de los 70 (Mr Blue Sky, de la ELO) y de los 60 (Here Comes The Sun, de los Beatles). Aunque el estudio incluía España, no aparecía Resistiré. Es posible que, al sonar en los balcones, a mucha gente no le quedaran ganas de oírla también en el móvil.

Un formato clásico

A todo esto hay que sumar que las series de comedia han cambiado en los últimos años y la sitcom clásica cada vez es menos habitual. Las comedias recurren también al drama (incluso a la tragedia) y a menudo las temporadas narran arcos dramáticos largos, en lugar de ofrecer historias que concluyen a los 20 minutos con el equilibrio inicial reestablecido. Es decir, si volvemos a ver The Office o Friends también es porque hay menos series como The Office o Friends. La más parecida quizás sea Schitt’s Creek, que arrasó en los Emmy de este año. Según algunos críticos, porque se ha convertido en una de las series que ha ayudado a sus espectadores a sobrellevar la pandemia y el confinamiento.

¿Pero siempre preferimos revisitar comedias? Según Rodríguez, depende de la persona y del momento. En general, para desconectar y relajarnos, la mayoría tendemos a la comedia, pero recuerda que en ocasiones caemos en lo que llama “gozosa tristeza”, es decir, en complacernos en sentimientos de tristeza y melancolía. Como ejemplo, recuerda cuando alguien rompe con su pareja y se dedica a escuchar las canciones más tristes del pop o cuando los niños de tres o cuatro años rompen a llorar y buscan un espejo en el que mirarse.

Es decir, volviendo a las series, esto también explicaría que al principio de la pandemia hubiera gente que volviera a ver la película Contagio o la serie Chernobyl. A veces hace falta catarsis y no solo distracción.

El fondo de armario de cadenas y plataformas

Las plataformas de streaming no nos han proporcionado datos de audiencia, pero en los títulos “populares” de Netflix podemos encontrarnos con series como Community, Arrested Development y Modern Family. En Amazon Prime Video, donde tienen The Office, Friends, Seinfeld y (dentro de poco) South Park, tampoco nos proporcionan datos, más allá de explicarnos que estas series les ayudan a complementar el catálogo, aunque no sean sus principales éxitos. En su oferta hay dos clásicos españoles: Aquí no hay quien viva y La que se avecina.

Estas plataformas han pagado sumas millonarias por hacerse con estos títulos. Por ejemplo, Netflix pagó 100 millones de dólares en 2018 por renovar Friends durante solo un año. Por comparar, eso es lo que cuesta producir una temporada de la carísima The Crown, según Variety. Y Netflix también se ha hecho con los derechos para emitir Seinfeld en todo el mundo a partir de 2021. La cifra no se ha hecho pública, pero los medios estadounidenses apuntaban a que estaría por encima de los 500 millones de dólares. Ahora mismo, en España se puede ver en Amazon. El último episodio de esta serie se emitió en 1998 en Estados Unidos y se trata de una serie que en ese país tiene la misma fama de repetirse tanto en televisión que aquí tienen Los Simpson.

Hablando de Los Simpson, las cadenas de televisión convencionales también ofrecen una inmensa cantidad de episodios repetidos de series de este tipo. Por ejemplo, Neox emite de lunes a viernes ocho episodios diarios de Los Simpson, tres de Friends, tres de Modern Family y 14 de The Big Bang Theory (suficientes para ver las 12 temporadas en 20 días). Y los fines de semana, ocho episodios diarios de El príncipe de Bel-Air.

Según los datos de audiencia que nos hacen llegar desde Atresmedia, estas series se sitúan por encima de la media de la cadena, sobre todo entre el público joven. Por ejemplo, Friends llega al 2,2% de share en los episodios de lunes a viernes por las tardes, pero roza el 7% en la audiencia de entre 18 y 35 años. Modern Family consigue resultados parecidos y Los Simpson incluso los mejora, con un share de más del 9% en el público de esa edad en los episodios del mediodía, llegando al 10,4% en la franja de 25 a 34.

Y, ya fuera de Neox, se puede ver Aquí no hay quien viva en Atreseries, La que se avecina en FDF, donde también hay varios episodios diarios de Camera Café, Los Serrano y Aída. Y eso, hablando de comedias, porque los aficionados a las series policiacas clásicas, las de un crimen por episodio y con los malos en la cárcel al final, tienen, por ejemplo, varios episodios al día de Colombo (Paramount), CSI Miami, Hawai 5.0 (Energy), The Closer y El mentalista (Atreseries), por poner algunos ejemplos.

Es decir, no hace falta estar suscrito a ninguna plataforma para poner contar con una dosis diaria de seguridad y de nostalgia, servida en formato de veinte minutos o cuarenta minutos en los que todo acaba bien. Una vez más.

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