Por qué el mánager de Backstreet Boys y ‘N Sync estaba en la cárcel y cómo murió | ICON

Cuenta Howie D, miembro de Backstreet Boys, que su mánager tenía una densa colección de películas pornográficas. “La primera vez que vi a dos chicas besándose fue en una cinta porno que tenía Lou”, afirma el vocalista en el documental del 20 aniversario del grupo, Show ‘Em What You’re Made Of. Habla de Lou Pearlman, seguramente uno de los creadores de la cultura pop tal y como la conocemos. Un neoyorquino turbio y manipulador, el hombre que catapultó a las boy bands, esos grupos prefabricados de chicos guapos que provocaron el delirio en los años noventa. Pearlman fue descubridor y mánager de varias, entre ellas dos de las más exitosas, Backstreet Boys y ‘N Sync. Los creó, viajaba con ellos, vivían juntos, veían porno, compartían pizza, los lanzó al estrellato mundial… y los estafó de forma fría y avariciosa. Este hombre que parecía inmortal murió hace una semana en una cárcel de Miami, donde llevaba cumplidos ocho de los 25 años a los que fue condenado tras cometer uno de los mayores fraudes de la historia de los Estados Unidos. Tenía 62 años y se le conocía por dos apodos: El Toro y El Gran Papá.

La anécdota que cuenta Howie D. sobre las películas porno ocurrió a principios de los años noventa, cuando el acceso al contenido erótico no era tan sencillo como hoy, con Internet atiborrado de estas páginas. Howie D. era uno de los más mayores de la banda (20 años), junto con Kevin, que contaba con 22. Brian tenía 18, A.J. 15 y el más pequeño era Nick, con 13. Ninguno de ellos se conocía antes del grupo. Pearlman se encargó de seleccionarlos cuidadosamente y juntarlos en un despacho para llevar a cabo su plan: montar de la nada un fenómeno pop multimillonario.

Los cinco fueron reclutados por él tras unas audiciones que hizo en Orlando (Florida), una localidad a cuya sombra germinaba una ingente masa de talento joven y maleable que buscaba su oportunidad en los reality de canto de la todopoderosa Disney. Algo así como una mezcla de Operación Triunfo y Mujeres, Hombres y Viceversa de la época. El cazatalentos neoyorquino buscaba repetir el éxito de New Kids on the Block en aquella época dorada de la industria en la que se vendían discos a espuertas. “Acabó montando una boy band como podría haber hecho cualquier cosa, pero lo que estaba claro es que en algún momento iba a tener éxito. Era un tipo con buen olfato para los negocios”, asegura José Luis Casado, director y presentador de programas musicales como Nos queda la música o Centrifugando desde hace más de 15 años. Pearlman no era un enamorado de la música sino más bien de cualquier cifra con muchos ceros a la derecha.

Ninguno de los cinco componentes de los Backstreet Boys sabía tocar un instrumento, pero eran guapos, tenían tirón según los gustos de los jóvenes de la época. Había uno rubio con cara de no haber roto un plato, otro con pinta del más popular del instituto, un moreno de mirada penetrante, uno de origen latino y otro con estética rapera. Un producto prefabricado para el éxito. “Lou utilizó todos los recursos y movió todas las influencias posibles para que fuéramos tan grandes como pudiéramos”, asegura en el documental A.J., el backstreet rapero.

El gran talento de Pearlman es que se movía perfectamente por ese universo turbio y casi mafioso que se representa en nuestra imaginación cuando pensamos en la industria de la música a gran escala. Cuando Pearlman cayó en desgracia y las autoridades comenzaron a investigar sus cuentas, se llegó a insinuar, en un dramático perfil de Vanity Fair titulado como una canción popularizada por Dinah Washington, Mad about the boys (Loco por los chicos), que uno de los intereses que tenía en las boy band era puramente sexual y que uno de los criterios fundamentales que usaba para seleccionar a los chicos era que hubieran accedido a sus favores sexuales.

Aquel fue un delito que no pudo demostrarse. Antes había sorteado, gracias a acuerdos extrajudiciales, las denuncias por contratos abusivos que le pusieron casi la totalidad de los grupos a los que creó y representó. “Lo que hacía era ilegal. En 1998 habíamos vendido millones de discos, tocado en estadios, pero nuestras cuentas bancarias no tenían sentido”, explica en el documental otro de los backstreet, Brian Littrell. Pearlman, que no tenía entre sus virtudes el altruismo, les aseguraba que lo que quería era recuperar su inversión inicial. Pero el quinteto ya no le veía con los mismos ojos. Ya no era su Gran Papá sino un mánager sin escrúpulos que, sibilinamente, había aprovechado su lucrativo modelo para engendrar una nueva versión de ellos mismos: los ‘N Sync, que actuaron como competencia directa de Backstreet Boys. Los dos eran suyos.

La nueva banda también estaba formada por cinco chicos y seguía exactamente todos los patrones de sus predecesores. Si observan las fotos de la época es altamente probable que los confundan. Una ayuda: si sale Justin Timberlake son ‘N Sync. La edición de su primer sencillo en EE UU fue en 1998, en plena eclosión de los Backstreet Boys.

Cuando Backstreet Boys pasó por España por primera vez era 1997 y aún podían caminar tranquilamente por la calle. “Fuimos caminando tranquilamente por la Gran Vía madrileña sin que nadie supiera quienes eran y esa noche salimos a una discoteca que ya ni existe. Estuvimos allí bailando funky con los tres que podían salir, porque había dos que aún eran menores”, recuerda Tony Aguilar, periodista de Los 40. Algo impensable solo dos años después, con su siguiente visita a España. Un ejército de fans se personó en El Corte Inglés y obligó a anular la actuación que allí iban a dar por seguridad. “La policía decidió que se cancelase y todo el mundo se desplazó al hotel, donde yo estaba con ellos. No he pasado más miedo en mi vida que para salir de allí. Tuve que escapar dentro de un coche de policía de la gente que había”, rememora Aguilar.

Los Backstreet Boys estaban encantados con el éxito. ¿O no del todo? En su documental aseguran, por ejemplo, que se sintieron incómodos al rodar el vídeo de Quit playing games (With my heart), con el que aterrizaron en Estados Unidos. Es una suerte de primeros planos, tomas centradas en sus pectorales y camisas mojadas en una especie de orgía homoerótica. Eran carne de público adolescente y del colectivo gay.

El producto estaba consolidado. Pero Pearlman estaba a punto de quedar excluido. Los Backstreet Boys, cansados de no ingresar lo que creían que estaban generando, decidieron prescindir de él. No fue fácil debido a las condiciones draconianas del contrato: les costó más de 25 millones de dólares (unos 22 millones de euros) deshacerse de Pearlman. Y él, en vez de pagar a sus inversores, siguió gastando fortunas en busca de una nueva banda que le hiciera aún más rico. Hasta que todo explotó y se reveló como un digno precedente de Bernard Madoff. Si bien había podido contener las demandas judiciales de sus grupos a base de acuerdos extrajudiciales, no pudo hacer lo mismo con las estafas a bancos y particulares llevadas a cabo a través de otro de sus negocios.

La empresa se llamaba Trans Continental, cuya pieza central era una línea aérea que existía solo sobre el papel y con la que estafó a amigos, familiares y ancianos. Pearlman fue capturado en Bali, donde había huido en cuanto se dio cuenta de que le estaban investigando. Un turista alemán le reconoció y decidió avisar a las autoridades. En el juicio se demostró que Pearlman había ejecutado uno de los grandes fraudes de la historia de Estados Unidos usando el Esquema Pozzi. Ya saben: ese fraude piramidal que consiste en que el dinero obtenido por los primeros inversores viene de que otros vayan picando en la estafa y aportando más recursos. El mánager se llevó 300 millones de dólares (casi 266 millones de euros). Pearlman se declaró culpable en el juicio y no hizo ni el más mínimo intento por rebajar su condena.

Cuando ingresó en prisión en 2008 con una condena de 25 años las reacciones de los miembros de los grupos fueron contradictorias. “¿Cómo puede doler, pero al mismo tiempo sentir lástima? Sientes lástima por él, pero tuvo la oportunidad de hacer lo correcto y no lo hizo. Eso es probablemente lo que más me duele”, se lamentaba Brian, uno de los backstreet.

Según cuenta un periodista del New Yorker que habló con él cuando estaba en la cárcel, Pearlman quería salir para que le diesen la oportunidad de formar otra boy band, hacer dinero y así pagar a toda la gente a la que había estafado. No pudo ser. Falleció el 19 de agosto, según informó el New York Times, de un ataque cardíaco. “No tenía un aspecto de cuidarse mucho”, asegura Tony Aguilar, que coincidió con él en Nueva York en una presentación de discos.

El hombre obeso de sonrisa perpetua, el Gran Papá, fue recordado por algunos de los que fueron sus representados en ese momento en el que la muerte parece matizar casi todos los pecados. Lance Bass, de ‘N Sync, señalaba en Twitter: «Puede que Lou no haya sido un empresario modélico, pero no estaría haciendo lo que amo hoy sin su influencia. Descanse en Paz». “Espero que encontrase algo de paz. Dios te bendiga y descansa en paz, Lou Pearlman”, escribió Justin Timberlake a sus más de 56 millones de seguidores. Ex ‘N Sync, Timberlake es, sin duda, el que más fama ha conseguido en solitario de todos los componentes de estas boy bands. 55 millones son los discos que vendió el músico junto con su grupo ‘N Sync en sus siete años de existencia (desde 1995 a 2002). Quedan lejos de los más de 130 millones que despacharon los que fueron sus predecesores, Backstreet Boys.

Todos descubiertos e impulsados por Lou Pearlman. Un estafador, sí. Y también el gurú de buena parte de la explosión pop contemporánea. Para bien y para mal.

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!