Por obligación o a escondidas: 7 mujeres nos cuentan cómo fue la primera vez que se depilaron

La historia de la depilación empezó en Egipto, tanto hombres como mujeres se depilaban el cuerpo con cera o piedras afiladas. A partir del siglo XIX la ropa empezó a acortarse, lo que permitía mostrar más piel, y con la escasez de medias durante la Segunda Guerra Mundial el proceso de eliminar el vello se extendió en todo el mundo. Con el paso del tiempo, la práctica se normalizó hasta tal punto de que hoy en día muchas personas consideran estético y atractivo el cuerpo sin rastro de pelo.

Más allá de cuestiones culturales, la afirmación de que la depilación es más higiénica es errónea. “La moda de eliminar radicalmente todo el vello me parece absurda. Esos pelos mantienen a raya las heridas, los golpes genitales y las infecciones durante las relaciones sexuales”, advertía el médico y dermatólogo, Ramón Grimalt, en un artículo pubicado en EL PAÍS sobre cómo evitar riesgos en la depilación femenina.

En los últimos años, durante los que el feminismo ha estado mucho más presente en el debate público, se han escuchado muchas voces que cuestionan imposiciones sociales como la depilación. Por ejemplo, la marca de cuchillas Billie Razors reflejó este cambio mostrando el vello real de sus modelos en sus últimos dos anuncios y optando por un mensaje en el que presentaban la depilación como una elección y no como una obligación.

Hemos hablado con mujeres de diferentes edades que nos cuenta cómo vivieron sus primeras experiencias con la depilación, los comentarios que recibieron antes y las inseguridades que surgieron cuando fueron conscientes de esta imposición social. La mayoría de ellas empezaron a depilarse en su adolescencia temprana; algunas no querían eliminar el vello pero se vieron obligadas por un entorno familiar que las animaban a ello.

Priscila García, (Aranjuez, 22 años): “Este año he salido por primera vez a la calle sin depilar”

«Empecé a depilarme por presión, mi hermana mayor me metía miedo y mi madre hizo comentarios al respecto cuando estaba en primaria, como si depilarse fuera una especie de sentencia. Recuerdo que en el instituto nos metíamos mucho con una amiga porque a veces no se depilaba las axilas: a ella le dolía y seguía haciendo lo que quería. Yo creo que sentía envidia de ella por atreverse y hoy en día todo nuestro grupo de amigas se ha disculpado. A mí me generaba muchísima inseguridad, según crecía me depilaba más cosas: piernas, axilas, pubis, tripa, incluso me teñí los pelos de los brazos… Todavía sigo en proceso de deconstrucción, y el apoyo de mis amigas y parejas ha sido fundamental para normalizarlo. Este año he salido por primera vez a la calle sin depilar. Sin embargo, ahora que me he ido al pueblo me he vuelto a depilar porque sentía que muchas personas iban a hablar de ello y no estaba preparada para enfrentarme a la situación».

Valle Jiménez (Torrejón de Ardoz, 48 años): “Si mi hija decidiera no depilarse intentaría respetar su opinión”

«Recuerdo que lo que más me molestaba antes de depilarme eran los pelos de las axilas porque se me veían con algunas camisetas. Empecé tarde, a los 16 o 17 años; mis amigas se depilaban y como tenían madres jóvenes las animaban y ayudaban más. Mi madre es muy mayor, nos llevamos 45 años, y el tema depilación no le entraba en la cabeza, para ella era una tontería. Ahora que yo tengo una hija de 18 años trato de enseñarla a que se depile bien. Ella no le da tanta importancia y si decidiera no depilarse intentaría respetar su opinión, pero me daría apuro que se burlasen de ella. En esta sociedad no estamos preparados, todo lo diferente es criticable».

Laura Ruiz, (Málaga, 18 años): “Si hubiese tenido referencias, ahora tendría la valentía de depilarme como y cuando quisiera”

«No sé si fue la primera vez, pero recuerdo con unos 12 o 13 años iba a una firma de discos con unas amigas y quería llevar pantalones cortos: tanto ellas como mi madre me dijeron que no podía ir con esos pelos. Realmente a mí no me molestaban, pero los comentarios me influyeron. En redes sociales quizás encuentras a alguna mujer reivindicativa que sube fotos sin depilar, pero se da muy pocas veces. Si hubiera tenido referentes, quizás ahora tendría la valentía para depilarme como y cuando quisiera, sin la inseguridad y el miedo que me genera la sociedad por tener pelos. Este verano he intentado retrasar el momento de depilarme pero no me veía saliendo así a la calle, igualmente me he propuesto que con el paso de los años me importe menos y consiga dejar de hacerlo por obligación».

Alba Casado, (Madrid, 24 años): “No tuve ninguna presión por parte de mi familia o amigas, mi madre esperó hasta que yo lo pedí”

«Como en mi colegio llevábamos uniforme con falda, en verano veías a las chicas mayores depiladas y queríamos imitarlas. No tuve ninguna presión por parte de mi familia o amigas, mi madre esperó hasta que yo lo pedí. Tampoco fue una experiencia traumática, lo que sí recuerdo es que tenía miedo de que doliese mucho y por eso empecé con la crema depilatoria. Personalmente yo prefiero ir depilada porque estéticamente lo veo mejor. Supongo que es algo que llevo haciendo años y cambiar esa percepción no es fácil. No es que me horrorice ver mujeres no depiladas pero considero que es muy subjetivo».

Gema Alonso, (Torrejón de Ardoz, 39 años): “Me siento una privilegiada, a veces me depilo dos veces al año”

«A pesar de ser rubia y tener muy poco vello, cuando llegaba el verano me quitaba esos cuatro pelos en piernas y axilas. Siempre te sientes obligada, quizás ahora menos pero a finales de los 90 era diferente y la gente se reía si llevabas bigote o no te depilabas para ir a la piscina. Como casi no tenía pelo, nunca tuve ninguna inseguridad. De hecho, me siento una privilegiada, a veces me depilo dos veces al año. La primera vez me hice la cera porque en la academia de estética en la que estudiaba nos hacíamos pruebas unas a otras. Fue horrible y me dolió tanto que desde entonces solo uso cuchilla».

Laura Valero, (Alcalá de Henares, 25 años): “Mi familia y mi pareja me han ayudado a quitarle importancia si no voy depilada”

«Mi familia siempre me ha apoyado, mi madre y mi hermana me han aconsejado en el cuidado de la piel e incluso me animaron a no depilarme ciertas zonas cuando empecé a los 10 años. Mi padre, a pesar de su edad, es un hombre muy abierto. Siempre que comento que tengo muchos pelos, él bromea y dice: “Uy, sí, cuidado por favor, que me pincho”. Mi pareja también me ha ayudado a quitarle importancia, cuando me quejo de los pelos me enseña su pierna, que sí es peluda. Ahora yo me siento mucho más libre, no pienso en depilarme continuamente y me importa menos que antes».

Encarnación Puerta, (Picos de Europa, León, 72 años): “Mis padres no aceptaban que me depilase”

«Aunque cuando yo tenía 15 años todas teníamos pelos en las piernas, mi hermana y yo empezamos a depilarnos -lo que entonces llamábamos afeitarse- en secreto porque mis padres no lo aceptaban, consideraban que el vello era natural. Con la excusa de que necesitábamos sacar punta a los lapiceros, les pedíamos que comprasen cuchillas. Cuando mi madre se enteró de que las usábamos para afeitarnos nos pidió que mi padre no lo descubriese. Cuando empecé a trabajar con 21 años, entré en ese mundo de mujeres adultas y me sentí un poco más libre para hacer lo que me gustaba. Durante toda la vida he intentado hacer lo que yo quería a pesar de las presiones sociales y he sido muy luchadora para que las mujeres podamos vivir a gusto con nosotras mismas. Que las chicas actualmente quieran dejarse vello me parece maravilloso, yo las aplaudo. Lo más importante es que se encuentren cómodas con su cuerpo y no les impongan nada».

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