Pestiños y canutillos, gloria dulce en los conventos de Granada

La Semana Santa ha llegado y por segunda vez en nuestra historia cercana no habrá procesiones. Pero eso no es obstáculo para seguir cumpliendo o iniciarse en otras tradiciones propias de la época. Por ejemplo, la de acercarse a algún convento, tocar el timbre y esperar a que alguna monja responda desde el otro lado del torno. Es la oportunidad de hacerse con una bandeja de pestiños —azucarados o melados, según el convento—, roscos fritos, magdalenas o alguna otra delicatessen que, con base principal de harina, azúcar, huevos, ajonjolí, matalahúva, vino dulce y canela, salen de los obradores de las monjas.

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Huevos, canela, leche y buena mano

Esta es la historia de un fracaso periodístico. Si alguna cocina requiere exactitud milimétrica, esa es la repostería. Pero a las monjas no les gusta hablar de gramos o mililitros. “Cuando la masa está, pues está”, dicen. Ha sido imposible (y preguntamos mucho) conseguir una receta completa. Estos son los ingredientes de los pestiños de las Comendadoras de Santiago: aceite, vino blanco, harina, agua, azúcar y miel. Y los de sus roscos fritos: huevo, vino dulce, harina, canela, leche, agua, levadura, limón rayado, aceite, azúcar y miel. El consuelo es que el cantautor Carlos Cano tampoco lo consiguió: “Medio kilo azúcar blanca, agüita del avellano y al perol la calabaza. Tres salves y un padrenuestro y la gracia de tus manos”, dice su canción ‘Alacena de las monjas’.

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