Pesadilla en el Palacio de Linares

No sé si les pasa a ustedes con el teletrabajo, el paro telemático, la escolarización virtual, los grupos de WhatsApp, los chats en Slack, las cuarentenas traicioneras, los encuentros por Zoom o la que quiera que sea la circunstancia claustrofóbica que haya irrumpido en sus vidas por culpa del Sars-Cov, pero a mí me ocurre que desde que todo está mediado por una pantalla, dominado por el lenguaje escrito, apretujado en canales de comunicación virtuales, me cuesta mucho distinguir lo que he dicho de lo que pensado, lo que he escrito de lo que he hablado, lo que ha pasado realmente de lo que solo he soñado.

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