Perspectiva de sótano

Por la mañana, a primera hora, me acerqué a la ventana y, repetición de las repeticiones, vi pasar por mi calle al joven de tantas veces, al que habla solo, barba cerrada y gorro frigio. Parecía un presagio de que aquel día que empezaba sería puro bucle, pero luego resultó lo contrario. Dos horas después, circulaba en taxi por Barcelona, rumbo al sur, rumbo al puerto. Aquel día podía ser excepcional porque por primera vez en meses salía del barrio. Iba camino del Museu Marítim de Barcelona, donde, en la ceremonia del premio Biblioteca Breve, iba a rendir homenaje al amigo Juan Marsé, que con Últimas tardes con Teresa lo ganara en 1965.

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