Pequeños esfuerzos y grandes resultados

Por mucha poesía y canción que se le haya dedicado y mucho atardecer que se haya contemplado, el mar es un elemento hostil. Sencillamente, y por mucho que nos pueda doler, no estamos hechos para él. Es un límite. Quienes aman el mar le tienen un respeto semejante al que se debe observar con un tigre. Ovidio decía que quien ha naufragado alguna vez se estremece incluso ante el mar en calma y para la escritora británica Anne Stevenson el mar es lo más cerca que hemos estado de otro mundo. Pero la humanidad —tal vez precisamente porque lo es— ha hecho de ese territorio hostil no solo una frontera que hay cruzar sino un escenario casi fundamental para dominar el elemento propio: la tierra firme. Y en tiempos de realidad virtual, ciberseguridad y tráfico aéreo —si es que va a quedar algo de este último— puede sorprender que hechos, en teoría poco relevantes, relacionados con el dominio del mar tengan gran importancia geoestratégica.

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