¿Pensando en vacaciones? El Caribe, sí | Planeta Futuro

Dorian es el nombre que se le dio al huracán que arrasó varias de las 700 islas que componen las Bahamas en septiembre de 2019. El golpe fue duro para una economía en la que el turismo representa el 43,3% del PIB y emplea directa o indirectamente a la mitad de la fuerza laboral del archipiélago. Los viajeros buscan aquí sol y playa, no escombros y tormentas. Pese al destrozo material y humano —quedaron destruidas miles de viviendas, aeropuertos, carreteras, hoteles y se perdieron, según cálculos oficiales, 400 vidas—, este Estado insular superó la adversidad y el año pasado batió su récord de visitantes, con siete millones. Ahora el nuevo coronavirus Sars-Cov-2 es una nueva amenaza para la supervivencia de quienes habitan este paraíso.

¿Cómo atraer a los viajeros a este y otros destinos de la región? El turismo no se puede confinar, por mucha imaginación que se le eche, se viaja o no se hace. Por eso, el sector ha sido uno de los más afectados por las medidas de limitación de la movilidad para contener la propagación de la covid-19. Y en América Latina y el Caribe, donde el sector representa una fuente principal de empleo y riqueza, más. Es el momento de pensar cómo revitalizarlo, pero de forma más saludable, inteligente y sostenible.

Con tal propósito, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de su laboratorio de innovación BID Lab y en colaboración con la Organización Mundial del Turismo (OMT), ha lanzado un desafío de innovación al que pueden presentarse hasta el 31 de julio organizaciones tanto del sector público como privado para implementar proyectos en uno de estos 15 países: Bahamas, Barbados, Belice, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Surinam y Trinidad y Tobago. “El desafío es imaginar cómo con tecnologías disruptivas podemos llegar a quien más lo necesita”, explica Dora Moscoso, asociada senior de BID Lab. “El turismo contribuye a la consecución de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: la creación de trabajo, reducción de la pobreza, conservación del patrimonio y vida silvestre…”, detalla.

De hecho, los proyectos tendrán que enfocarse en dos áreas: el empleo y el medio ambiente. “Se trata de apoyar al sector en dos frentes: el desarrollo de la fuerza laboral del turismo, que debe poseer nuevas habilidades digitales para la fase de recuperación; y la sostenibilidad ambiental, que incluye la adopción de medidas de gestión de residuos mediante modelos de economía circular, así como prácticas agrícolas clima-inteligentes”.

Se resiste Moscoso a “dar ideas” o ejemplos de lo que buscan. No quiere, dice, dar una pauta para los posibles candidatos a las ayudas (no reembolsables) que oscilarán entre los 250.000 y 500.000 dólares y los préstamos de medio millón a dos millones de dólares. “Los solicitantes han de contribuir con al menos el 50% del presupuesto total del proyecto”, aclaran en las bases de la convocatoria. ¿Cómo conseguirlo? La repuesta está en la imaginación y en sus posibilidades de convertirse en realidad.

El turismo es a la par uno de los sectores más golpeados —según la Organización Mundial del Turismo, antes de la pandemia apoyaba uno de cada diez empleos (319 millones) en el mundo y generaba el 10,4% del PIB global— y puede ser el centro de la solución a la crisis económica y también medioambiental. Así se desprende de las palabras del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en un mensaje de apoyo: “El turismo es un pilar esencial de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Los medios de vida de muchos dependen de ello, especialmente las mujeres y particularmente en los países más vulnerables del mundo, incluidos los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países menos adelantados. Además, en muchas partes del mundo, la protección de la biodiversidad depende en gran medida del sector turístico, desde la conservación hasta los ingresos generados por esos esfuerzos. El turismo puede ser una plataforma para superar la pandemia. Al reunir a las personas, puede promover la solidaridad y la confianza, ingredientes cruciales para avanzar en la cooperación global que se necesita con tanta urgencia en este momento”. 

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