Pedro Rodríguez: El golpe de Schrödinger

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Entre las certezas desaparecidas con la Guerra Fría destaca la cómoda diferencia binaria entre lo bueno y lo malo. Durante años de enfrentamiento indirecto entre EE.UU. y la Unión Soviético sobre las espaldas del Tercer Mundo, siempre se intentaba distinguir entre golpes «malos» y revueltas populares «buenas» para ganar la batalla del relato.

La crisis electoral en Bolivia que ha terminado por forzar la salida del poder de Evo Morales ilustra bastante bien hasta qué punto las viejas categorías de la Guerra Fría son cada vez más difíciles de aplicar, sobre todo para los que buscan obtener extrañas legitimidades con estos juegos de etiquetas. Ante los mismos hechos, unos ven una revuelta popular contra un mandatario abusivo. Otros interpretan un golpe militar contra un gobierno legítimo.

El problema es que en un mundo políticamente cada vez más confuso se tiende a combinar elementos pertenecientes a categorías morales que hasta ahora se consideraban como incompatibles. Y el resultado sería una extraña amalgama de golpes condenables con revueltas justificables. Volviendo al caso de Bolivia, una masiva protesta popular y la deserción en cadena de fuerzas militares y policiales habría hecho inevitable la dimisión de Evo Morales.

El politólogo Jay Ulfelder, según recordaba esta semana el «New York Times», ha acuñado la irónica expresión de «el golpe de Schrödinger», sirviéndose del Nobel austriaco Erwin Schrödinger y de su paradoja para explicar lo desconcertante de la física cuántica con el experimento de un gato que puede al mismo tiempo estar vivo y muerto. En este sentido, los nuevos golpes con gato encerrado «existen en un perpetuo estado de ambigüedad, simultáneamente golpe y no-golpe», sin esperanza de volver a la claridad categórica del pasado.

En definitiva, dentro de un ciclo global de populismo y autoritarismo, hablar de golpe militar o de revolución romántica como escenarios diferentes estaría dejando de tener sentido. La clave se encuentra en lo que ocurre una vez que se empiezan a buscar soluciones fuera del orden constitucional.

Pedro RodríguezColaboradorPedro Rodríguez

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