Palacio del Marqués de Bermejillo, sede principal del Defensor del Pueblo

A finales del siglo XIX la zona de la Castellana estaba considerada las afueras de Madrid donde muchas familias adineradas decidieron construirse sus palacetes. En el que hoy es el museo de Ciencias Naturales estaba el antiguo hipódromo de Madrid y resultó ser muy atractivo para establecer las residencias de los más pudientes. Fue el caso de Francisco Javier Bermejillo, hijo de un rico financiero e industrial vizcaíno que había emigrado a México y Perú y allí reunió una considerable fortuna con la explotación de yacimientos de plata. Fue precisamente en México donde Francisco Javier se casó con Julia Schmidtein, madre de sus cuatro hijos. Bermejillo, a quien se le concedió el título de marqués, fue un destacado miembro de la corte de Alfonso XIII. Al instalarse en Madrid eligieron esta zona y levantaron su palacete en el Paseo del Cisne (hoy Paseo de Eduardo Dato, número 31), donde actualmente se encuentra la sede del Defensor del Pueblo. En 1913 data la fecha de la compra de la parcela, el mismo año en el que se comenzó su construcción. Por entonces la arquitectura reproducía antiguos estilos arquitectónicos. Tal y como relata Íñigo Cobeta en “El libro del Defensor del Pueblo”, la autoría del Palacio de Bermejillo es una cuestión controvertida. Tradicionalmente se atribuyó al arquitecto cántabro Eladio Laredo pero fue el alemán Frank Rank quien presumió de su obra. Durante un tiempo fue habitual que los proyectos realizados pro profesionales extranjeros fuesen firmados, presentados y dirigidos por arquitectos locales. Y en este caso existen incluso unos planos de un proyecto anterior del francés Francisco Reynals. Parece que Bermejillo prescindió de los servicios de Reynals y se decantó por el estilo del renacimiento español. Y es el propio Rank quien confirmó que la inspiración para el proyecto de este palacio la encontró en el Palacio Caicedo de Granada, cuya fachada principal guarda muchas semejanzas con la fachada sur. Y una vez iniciadas las obras probablemente entró en escena Eladio Laredo. A él se debe el revestimiento de la fachada en la que colocó galerías, torres, rejerías y motivos heráldicos del plateresco, e incluso gárgolas. Cuando se construyó no existía el puente elevado que atraviesa el Paseo de la Castellana por lo que su perspectiva original era bastante diferente y se podía apreciar mejor a los lados los dos torreones con cubierta de teja a cuatro aguas. De estilo neoplateresco mezcla también elementos modernistas y detalles románticos. Este edificio tiene la peculiaridad de combinar elementos originales con complejas soluciones ornamentales pero responde al tipo de palacio de la alta burguesía de la época. Dividido en cuatro plantas, contaba con todos los elementos de confort e higiene modernos que para entonces eran considerados lujos. En la planta baja estarían los cuartos de recibir, en la primera los dormitorios y en la segunda las habitaciones de servicio. El palacio conserva el suelo y el artesonado de estilo mudéjar. La madera en el palacio Para el interior del palacio de emplearon puertas mudéjares obtenidas de derribos de antiguos palacios de Madrid. Buscaron el en mercado surgido tras la desamortización que dejó abandonados cientos de edificios. Son muchos los elementos que destacan al visitar el palacio, como una armadura de lazo en uno de os techos o puertas de estilo plateresco. Igualmente destacan dos columnas salomónicas, barrocas, doradas, talladas y policromadas que deben pertenecer a algún retablo y la chimenea de la biblioteca. «En este palacio eran habituales los bailes y las partidas de bacará. Dicen que los marqueses jugaban mucho y que tenían muchas deudas», comenta a ABC Francisco Virseda Barca, director del gabinete técnico del Defensor del Pueblo. En 1932, los marqueses lo vendieron al matrimonio de industriales uruguayos Ramón Rodríguez y María Bauzá. En la Guerra Civil se cedió el palacio a la Embajada de la Republica Checoslovaca, después lo ocupó una sociedad industrial y, en 1964, pasó a manos de la Dirección General de Patrimonio Histórico, que se encargó de su restauración. En 1983, la Institución del Defensor del Pueblo traslada a este palacio su sede. La parte principal del palacio es hoy el despacho del Defensor del Pueblo (que pudo ser el comedor) y encima está la antigua habitación del marqués con una amplia terraza que da al jardín que da al jardín en donde se encuentra la escalera de entrada de los invitados y la de carruajes. Defensor del Pueblo Tras una primera sede provisional en la primera ampliación del Congreso de los Diputados, la institución del Defensor del Pueblo instaló su sede principal en el Palacio de Bermejillo y cuenta con otro edificio en la calle Zurbano 42, antiguo hotel Agustín Díaz Agero, en el que se ubica la oficina de atención al público. El Defensor del Pueblo es el Alto Comisionado de las Cortes Generales encargado de defender los derechos fundamentales y las libertades públicas de los ciudadanos mediante la supervisión de la actividad de las administraciones públicas españolas. Actualmente ocupa este cargo Francisco M. Fernández Marugán. «No se nos conoce demasiado bien. Cuando se produjeron los casos de los desahucios u otros asuntos multitudinarios hemos tenido más visibilidad», cuenta Virseda, uno de las 172 personas que forman la plantilla. Si bien hay bastante abogados también trabajan en esta casa funcionarios de distintos servicios en excedencia. En el 2018, por ejemplo, recibieron 16.000 quejas individuales. En los años anteriores ha habido quejas muy sonadas como todas aquellas presentadas por los particulares ante la huelga de exámenes del carnet de conducir o las 3.000 que llegaron al mismo tiempo de Guardia Civiles para constatar que el régimen sancionador de los cuarteles implicaba la pérdida de libertad. Las antiguas habitaciones del palacio albergan algunos de los despachos y en la planta baja se encuentra la sala de reuniones y el despacho del Defensor del Pueblo. Aunque muy cuidado y adaptado a las necesidades del siglo XXI no es un edificio práctico para llevar a cabo todo el trabajo que realiza la institución. De ahí que la parte administrativa se lleva a cabo en el otro inmueble de la calle Almagro. pero es en el palacio donde el Defensor del Pueblo recibe todas las visitas.

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