Ojos que no ven

Donald Trump no ha inventado nada. Se limitó a llevar al límite una vieja argucia del discurso político: negar la realidad. En nuestra historia tenemos una muestra relevante, omitida por sus biógrafos, en el arte de Manuel Godoy como valido bribón, Napoleón dixit, para llevar a sus reyes por donde quería. En este caso, por la senda de su servidumbre al emperador, buscando obtener la promoción personal con una soberanía (mejor, Portugal). El desastre de Trafalgar, precio del vasallaje a Francia, no debía existir y nunca existió de cara a los monarcas. Más aún, fue “un muy feliz combate”. Días después confirmó: “Nuestros navíos se van reponiendo”. En el fondo del mar, claro. Carlos IV le nombró Gran Almirante. Sin barcos, claro.

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