ODS: Nada que celebrar y todo por hacer en el quinto aniversario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible | Planeta Futuro

Eran las 11.48 en Nueva York. El aplauso llegó casi al mediodía y ponía banda sonora al acuerdo por unanimidad de la resolución A 70 – L1 Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para un mundo sostenible. Así quedaron formalmente adoptados los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) el 25 de septiembre de 2015, en la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas. Han pasado cinco años y ya no hay motivos para vítores: los avances que se venían produciendo para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta habitable en 2030 eran lentos e insuficientes para conseguir las metas establecidas, como erradicar la pobreza y el hambre, alcanzar la igualdad de género o garantizar una educación de calidad para todos. Y llegó la pandemia para revertir décadas de progreso.

En la 75ª reunión anual de la ONU, celebrada virtualmente por primera vez en su historia, se había planeado relanzar —ya se presentó en varias ocasiones durante el año— la Década de la Acción, una llamada de atención para acelerar los cambios en los 10 años que restan de plazo para el cumplimiento de los ODS. Y el evento se celebró. Fue una charla de media hora, escueta para los estándares habituales en la ONU, en la llamada Zona de Acción para los ODS, un espacio reservado a la presentación de soluciones.Participaron el guionista y director Richard Curtis, quien ejerció de moderador, el activista y humanitario sudafricano Edward Ndopu, la actriz y productora india Dia Mirza, y Jacquelline Fuller, vicepresidenta de Google y presidenta del brazo filantrópico de la tecnológica, google.org.

«Soy consciente de que estamos viviendo tiempos extraños, en los que se desarrolla una tragedia, pero confío en que podamos resistir; creo en el cambio y en que, de hecho, a veces, las crisis desencadenan transformaciones impresionantes». Así inició la sesión el cineasta británico, conocido por películas como Notting Hill y Love Actually. Tras la proyección del tráiler del documental que ha contado con la participación de Curtis, Soluciones urgentes para tiempos urgentes, que muestra en 30 minutos los principales retos de la humanidad —el cambio climático, la pobreza, el respeto a los derechos humanos y la igualdad de género— los participantes expusieron sus propuestas.

Para Mirza, la prioridad debe ser preservar el medio ambiente porque sin un planeta habitable, no será posible lograr ninguno de los demás objetivos, sentenció. «Pienso que el mundo cambiará cuando nosotros lo hagamos. Y eso empieza con las acciones individuales y las elecciones que hacemos a diario. El esfuerzo debe centrarse en encontrar el modo de vivir de forma sostenible cada día», apuntó. Por su parte, Ndopu alentó a los grupos y comunidades marginados a levantar su voz. «Lo más importante que podemos hacer es seguir tomando nuestro espacio. El trabajo para alcanzar una mayor representación facilitará la transformación», apuntó. «Este es el momento de las soluciones. En Google nos hemos comprometido a ser una empresa libre de carbono, más que neutrales, en 2030. Lo interesante es que ahora no es técnicamente posible, por lo que este objetivo nos va a empujar a innovar, buscar socios, compartir ideas y tecnología… Nuestro equipo de inteligencia artificial va a intentar proponer soluciones», detalló Fuller.

Esta cita fue una de cientos entre agenda oficial y eventos paralelos que han tenido lugar en el espacio de reunión global en el que se ha convertido Internet. Un escenario muy diferente del que hace cinco años exhibía la Asamblea General en la que se aprobaron los ODS, en una Nueva York blindada ante la presencia de los líderes del mundo, incluido el Papa Francisco de paseo por la Quinta Avenida. Entonces, las Naciones Unidas celebraban a lo grande el haberse puesto de acuerdo en una hoja de ruta común hacia un futuro sin violencia machista, con agua potable y empleo dignos para todos, y aire limpio en las ciudades. Los predecesores Objetivos del Milenio, que atañían únicamente a los países pobres, quedaban atrás sin haberse conseguido pese a los grandes avances, sobre todo en la lucha contra la pobreza extrema. En 25 años se redujo drásticamente el número de personas que vivían con menos de 1,90 dólares al día, pasando de 1.900 millones (36% de la humanidad) en 1990 a 734 millones (10,7% de la población mundial) en 2015.

Había motivos para la esperanza. Tras años de debates, una vez alcanzado un consenso sin precedentes, la más ambiciosa de las agendas internacionales de la historia, era el momento de la acción. Ya lo dijo la primera ministra noruega, Erna Solberg, en su discurso: “Necesitamos menos conversación y más acción”. Ese era el mensaje. Desde entonces, el contenido no ha cambiado y la ONU ha ido abandonando año tras año, informe tras informe, su tono predominantemente optimista para convertirlo en una advertencia: de seguir el ritmo y la senda actuales, no se va a lograr ninguno de los objetivos.

Cada julio, decenas de países han pasado examen voluntariamente ante las Naciones Unidas para exponer sus progresos. España lo hizo en 2018 cuando todavía, tres años después de su aprobación, la Agenda 2030 —hoy con rango de vicepresidencia— era una gran desconocida en el país y un recién creado Alto Comisionado intentaba hacerla famosa. Aunque en cada cita los mandatarios exponían sus progresos, esfuerzos y gran compromiso con la agenda, los datos no acompañaban a las palabras. El hambre era el gran ejemplo: tras 13 años de progresos, en 2016 aumentó. Y la tendencia al alza ha continuado después.

Y si los avances no eran para lanzar cohetes, el impacto de la covid-19 y las medidas que se han tomado para frenar la pandemia, van a revertir muchos de ellos. «Las últimas cifras de julio de 2020 mostraban que antes de la covid-19 se estaba avanzando en la reducción de la pobreza multidimensional. Eran datos para la esperanza, pero las simulaciones realizadas sobre su impacto en dos de las dimensiones, la nutrición y la asistencia escolar, dan cuenta del impacto que puede tener en los indicadores de desarrollo», ha comentado Ángeles Moreno Bau, secretaria de Estado de cooperación internacional de España, en su intervención este jueves en un evento paralelo de la Asamblea General, organizado por la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford (OPHI, por sus siglas en inglés) y el PNUD para promocionar el Índice de Pobreza Multidimensional como herramienta para «construir mejor».

Estudios, informes, proyecciones estadísticas dan cuenta del coste humano, social y económico de la pandemia más allá de las vidas que el virus se está cobrando (984.444 hasta la fecha). Por primera vez desde 1990, este 2020 cae el desarrollo humano, tal como lo mide el índice que cada año elabora el PNUD. Achim Steiner, administrador de este organismo de la ONU, estimaba en dos décadas el posible retroceso. El número de hambrientos agudos podría duplicarse a final de año, según el Programa Mundial de Alimentos. Las medidas de confinamiento y restricción de movimiento, provocarán que 47 millones de mujeres dejen de tener acceso a métodos de planificación familiar, y habrá siete millones de embarazos no deseados en seis meses en 114 países de renta baja y media, alertaba el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) a finales de abril. Y con el avance de la pandemia, las advertencias no han hecho más que multiplicarse. Justo en el que estaba llamado a ser el super año en las Naciones Unidas, el del 75 aniversario de su creación y el quinto de la aprobación de los ODS.

«25 años de vacunación se han borrado en 25 semanas», lamentaba recientemente Melinda Gates en una entrevista en exclusiva con cuatro medios europeos con motivo de la presentación del informe Goalkeepers, sobre el estado de progreso del mundo que publica anualmente la Fundación Bill & Melinda Gates en el marco de la Asamblea General de la ONU. Ni los filántropos han podido hacer gala este año de su habitual optimismo.

«Una de las preguntas más importantes que enfrenta el mundo ahora es cuán rápido los países de bajos ingresos pueden recuperarse y comenzar a progresar nuevamente. Los más afectados necesitarán apoyo para asegurarse de que lo que deberían ser reversiones temporales no se conviertan en permanentes», reflexionan los mayores filántropo en un extenso análisis de los hallazgos del informe Goalkeepers.

«Mientras tanto, las catástrofes se han ido acumulando. A medida que los gobiernos implementaron las políticas necesarias para frenar la propagación del virus y las personas cambiaron su comportamiento para limitar su exposición, las cadenas de suministro globales comenzaron a cerrarse, lo que contribuyó a una catástrofe económica. Escuelas cerradas. Cientos de millones de estudiantes todavía están tratando de aprender por su cuenta en casa. Una catástrofe educativa. (…) Las personas de países de ingresos altos y bajos informan que se saltan las comidas, una catástrofe nutricional que empeorará las demás. Todas estas catástrofes están socavando el progreso que hemos logrado, y aún necesitamos, hacia la igualdad. Al mismo tiempo, han dejado en claro cuánto progreso aún tenemos que hacer», terminan.

Si antes había que pasar a la acción para «cambiar el rumbo» hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en palabras de Guterres. Ahora, «es urgente».

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