Ocho edificios dedicados al culto religioso (sectas incluidas) donde lo excéntrico parece no tener límites | ICON Design

En la masonería, el acrónimo G.A.D.U. se utiliza para designar a Dios, a la inteligencia suprema que ordena la vida y su evolución. La causa primera, el principal creador y también, tras estas siglas, el Gran Arquitecto del Universo. Un acto no casual que simboliza la estrecha relación que la arquitectura y el culto religioso han mantenido desde siempre.

“Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos. Conforme a todo lo que te voy a mostrar, {conforme} al diseño del tabernáculo y al diseño de todo su mobiliario, así {lo} haréis”. En el Éxodo de la Biblia ya se deja bien claro: dios no vivirá en una casa cualquiera. Será en un lugar minuciosamente diseñado por él mismo que esté a la altura de su cometido. Esta máxima de todo gurú espiritual por materializar un lugar utópico en la Tierra donde proteger a los elegidos, y que James Hilton describió como Shangri–La en su novela Horizontes Perdidos (1933), se repite sin excepción en la historia de cualquier movimiento religioso.

Un paraíso terrenal en el que poder aplicar su doctrina sin reservas, celebrar ritos y ceremonias a espaldas de la opinión pública y aleccionar la estricta obediencia de sus fieles. Y que como resultado, ha dado una larga lista de edificios y microciudades donde lo llamativo, excéntrico y extremo parece no tener límites. La austeridad, en cambio, es solo un mandato para sus devotos.

En ocasiones, como sucedió en la comunidad de Rajneeshpuram, hacen del secretismo su precepto urbanístico, ocupando fincas apartadas donde construir y desarrollar su comunidad sin que nadie los vigile. En otras, sin embargo, quieren dejar latente su grandiosidad a la vista de todos. Es el caso de la presencia de la cienciología en Los Ángeles, que cuenta con 26 propiedades, algunas de ellas en edificios históricos de gran belleza del antiguo Hollywood. Comenzamos una serie para relatar los casos más sorprendentes hasta la fecha.

1. Sede Internacional de La Luz del Mundo en Guadalajara (México)

Ni Santísima Trinidad ni una humilde morada. Desde que fuera fundada en 1926, la comunidad religiosa La Luz del Mundo ha extendido por 58 países tanto su doctrina unitarista como una manera maximalista y rocambolesca de entender la arquitectura eclesiástica. Nada menos que 15.000 templos asentados en el más es siempre más se han construido desde que su creador Eusebio Joaquín González se encomendara a la empresa de restaurar la versión primitiva de la Iglesia Cristiana fundada por Jesucristo en el siglo I.

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Fundada en 1926 por un campesino y exmilitar que aplicó los severos métodos del ejército como mecanismo de obediencia en el movimiento religioso, esta iglesia es artífice de algunos de los edificios más impactantes de Latinoamérica. Su sede internacional en Guadalajara (México), reconocible por su forma piramidal, es el edificio más alto del continente con 83 metros de altura. Construido entre 1983 y 1991 con las aportaciones económicas de sus casi 200 mil miembros, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), cuatro estudios compitieron por su construcción, siendo el arquitecto mexicano Leopoldo Fernández Font el artífice final del proyecto.

Con una planta elíptica de 60 x 90 metros, tiene capacidad para 15.000 personas en las ceremonias más concurridas, como sucede cada 14 de agosto con la celebración de la Santa Cena que congrega a feligreses de todo el mundo para un bautizo multitudinario. Este edificio de la segunda confesión más grande de México (solo tras la iglesia católica) carece de fachada. En su ausencia, un conjunto de parábolas se replican de forma ascendente para dar sensación de infinito hasta coronarse en una cúspide. Desde lo alto, se puede observar las cubiertas de mosaico bizantino en cada azotea teñida con un color del arcoíris, símbolo del pacto entre Dios y Noé cuando pisó suelo firme para prometer que no volvería a destruir el mundo. Esta fantasía lumínica se reitera por la noche con iluminación basada en neones con los siete colores místicos.

En su interior, la pomposidad llega a su clímax. Un santuario a modo de Halcón Milenario –fiel reflejo de la tendencia futurista de la época, como declaró en alguna ocasión su arquitecto– con paredes pintadas en blanco y tinte amarmolado donde se suceden las iniciales del nieto de su fundador y actual apóstol, Naasón Joaquín García. El techo parece ondularse por una sucesión inagotable de lámparas de araña, candelabros y vidrios de colores.

Pero su impacto en la ciudad no termina aquí. El templo está rodeado por una colonia conocida como La Hermosa Providencia, fundada en 1952 y cuyos habitantes –unos 8.000 en total– son casi exclusivamente fieles de su iglesia. Toda sus calles tienen nombres bíblicos –Belén, Getsemaní, Jerusalén, Jericó, Jordán, Nazareth… – y desembocan en la avenida principal Dr. Samuel Joaquín Flores que conduce directamente al templo. En su entrada, se reserva el lado izquierdo a los hombres y el derecho a las mujeres.

Construido en un solar de 15 hectáreas a las afueras de Guadalajara, Eusebio Joaquín González adquirió esta tierra para construir una comunidad que contara con sus propios recursos, entre otros, un hospital, una escuela y registro civil, además de mercado sede bancaria y estación de policía. En ocasiones, la organización ha recibido duras críticas por obtener servicios públicos a cambio de apoyo político durante el gobierno que secundó Marcelino García Barragán, convirtiéndola en una poderosa institución fuera y dentro del país.

Su interpretación ‘sci–fi’ de la arquitectura religiosa se ha extendido a otras de sus edificaciones en Ciudad de México, Cancún o Los Ángeles. El templo que alberga la ciudad californiana, una especie de versión kitsch de las construcciones consagradas a las divinidades de la Antigua Grecia, fue testigo de la detención de Naasón Joaquín García el pasado verano. El actual líder de La Luz del Mundo fue acusado de 26 delitos graves de pornografía infantil, abusos sexuales contra menores y tráfico de personas.

2. Lotus Yogaville (Virginia, EE UU)

Este paraíso para yoguis adoptó la forma de loto en honor al nombre que formas sus siglas, Light Of Truth Universal Shine (Templo a la Luz de la Verdad Universal). Fue la residencia del líder espiritual Swami Satchidananda hasta sus últimos días. Swami comenzó el viaje iniciático por su India natal y Sri Lanka hasta recibir la invitación del artista Peter Max para conocer EE UU en 1966. Allí se establecería como profesor de yoga, adquiriendo popularidad tras su aclamado discurso en Woodstock. “El sonido celestial que controla todo el universo” fueron sus palabras para inaugurar el festival, según relató el New York Times en su efemérides. Un eslogan idóneo para captar fieles entre músicos y celebridades durante los convulsos años setenta, que en plena euforia de sitares y aroma a incienso arroparían al líder espiritual en la formación de su primera comunidad religiosa al este de Manhattan tras obtener la nacionalidad.

Años más tarde, Swami materializaría su sueño de crear un áshram en un vasto terreno del condado de Buckingham (Virginia), un monasterio hinduista donde meditar y favorecer un entorno cultural vinculado al yoga y al vegetarianismo que sus seguidores deben seguir estrictamente (el alcohol y las drogas tampoco están permitidos). Las obras del templo comenzaron en 1982, tras construir una presa de tierra y un lago de 10 acres. Los costes ascendieron a 2 millones de dólares que se sufragaron con los diezmos y donaciones de la comunidad.

En su web se describe con todo tipo de detalles cómo el gurú elaboró su plan de edificación junto al arquitecto Jim Jagadish McCabe. Uno de los puntos más llamativos fue la elaboración de un “cemento místico” que llenaría de ”vibraciones positivas” la cámara de meditación del templo. Entre sus ingredientes, además de piezas preciosas, oro, plata, agua bendita y tierra sagrada traída de lugares de todo el mundo, dicen haber incluido un trozo de suelo lunar.

Su característica forma de loto alberga doce vigas de madera contrachapada, una por cada pétalo y altar que representa las principales religiones del mundo. Es su modo de subrayar el carácter no monoteísta de la comunidad, en el que sus miembros pueden continuar practicando su propia religión tras ingresar en el centro. Como colofón, una cúpula de pan de oro, neones azules y mosaicos de vidrio rosa, de gran fragilidad y forjados en Italia. El altar central y las esculturas de granito rojo fueron esculpidos por artesanos talleres de la región india de Tamil Nadu, mientras que que los púlpitos laterales son de madera palosanto de Kerala. En la explanada, un estanque de 50 m2 conecta el templo con los edificios de recepción.

Su ceremonia de inauguración el 20 de julio 1986 no pudo estar más a la altura. En este artículo The Washington Post se relata minuciosamente todo tipo de atracciones que acompañaron a los dos días de celebración, que incluyó al propio Awami vestido con una túnica azafrán vertiendo agua bendita sobre el templo desde su helicóptero.

Bhagavan Antle, mago místico y operador de parques de animales salvajes en EEUU, ahora de plena actualidad por el documental de Netflix Tiger King, abanderó una calurosa procesión por el río James hasta el templo Lotus formada por tigres de Bengala, un elefante bebé, malabaristas con antorchas de fuego y gaiteros. Entre las 3.000 personas que acudieron al evento, celebridades como la cantante Carol King, Paul Winter o el artista Peter Max o los actores Jeff Goldblum y Laura Dern no quisieron perderse esta mística ‘bacanal’ en su estreno. Este vídeo da prueba de ello.

3. Palmar de Troya (Sevilla)

Quienes hayan visto la serie documental del mismo nombre de Movistar + darán fe –y nunca mejor dicho– de este rocambolesco capítulo de nuestra historia espiritual. Un ejemplo de cómo la realidad puede superar con creces la ficción: quién podría elucubrar que unas supuestas apariciones de la virgen María ante cuatro niñas en la pedanía de Utrera pudieran desencadenar en la formación de una escisión herética de la Iglesia Católica con papado incluido.

El origen de todo nos remonta a la década de los sesenta, cuando Clemente Domínguez y Manuel Alonso, contable de una aseguradora y abogado de profesión, decidieron rentabilizar ese lugar ‘milagroso’ transformándolo en la sede de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Para ello, lo primero que hicieron fue comprar la finca con la donación de 16 millones que hizo la baronesa del Castillo de Chirel, tras engatusarla con las visiones, estigmas y mensajes del cielo que Clemente recibía.

Después emprendieron largos viajes por el extranjero, creando sedes de su doctrina religiosa y recolectando los suficientes fondos –el más cuantioso fue el de una familia de Wisconsin, dueña de una cadena de electrodomésticos– para desarrollar lo que pasaría a ser en 1978 la Sagrada, Apostólica y Católica Iglesia Palmariana. Los palmerianos se postularon como la auténtica iglesia católica, ya que consideraban que la romana se había apartado de la fe verdadera. Ese mismo año, Clemente Domínguez se autoproclamaría como el nuevo papa Gregorio XVII, tras haber sido coronado por el propio Jesucristo en una visión, según afirmaba, como el legítimo sucesor de Pablo VI.

Con la construcción de la Catedral Basílica de Nuestra Madre del Palmar Coronada, Domínguez hizo realidad el deseo de tener su propio vaticano. Visible desde la carretera que conduce de Écija a Sevilla, las obras que costaron alrededor de 100 millones de euros –sufragados por donaciones de los fieles y ventas de apartamentos– no finalizarían por completo hasta 2014.

La planta y factura renacentista que recuerda a su “enemigo” italiano, alberga una superficie de 3.500 metros cuadros –la basílica de San Pedro posee 23.000 m2– y está protegida por un muro de hormigón de cuatro metros de altura que protege al templo de curiosos a todo el templo. Posee una docena cúpulas y un jardín de palmeras en la explanada que conduce al templo.

El complejo incluye además varias residencias para el pontífice palmariano y su corte. A la entrada de la basílica, se encuentra un pórtico flanqueado por una serie de figuras que representan a los santos canonizados por la iglesia palmeriana. Entre ellos, Don Pelayo, San José Antonio Primo de Rivera, “San Francisco Franco” o San Adolfo Hitler. El vídeo que se muestra ac continuación permite tener una visión aérea del municipio en plena campiña sevillana.

4. Templo Luciferino Semillas de luz (Quindío, Colombia)

“No siga aguantando necesidades y viva como siempre soñó con lujos y placeres. Yo lo asesoro para que le vendas tu alma al diablo de manera correcta y que tu pacto sea exitoso. Son muchas las personas que lo han hecho y hoy viven de otra manera”. Lo que podría resultar un anuncio de venta por palabras, es el mensaje bienvenida que su fundador Víctor Damián Rozo espeta a los interesados en ingresar en la Iglesia luciferina Semillas de la Luz Universal.

Autoproclamado como representante de Lucifer en la Tierra y el brujo más famoso de Latinoamérica, Rozo explica en su web el proceso de iniciación que debe pasar cualquier futuro candidato de la orden. Tras superar las pruebas, deberá abonar 20 dólares para solicitar un código de barras que le será implantado –o tatuado– y así acreditarse como un soldado de Lucifer en la batalla del Armagedón que sucederá durante el fin del mundo.

Esta apocalíptica organización funciona desde 2015 en Quimbaya, un pequeño municipio del centro oeste de Colombia, a pesar de las trifulcas mantenidas con los sacerdotes católicos de la zona por acabar con las prácticas esotéricas de su iglesia. El periodista Andrés Páramo, en una entrevista que realizó a Rozo para la publicación Vice, relata las dificultades que supone acceder a este edificio dedicado a Satán. Situado las afueras del municipio en una finca propiedad de su líder, tuvo que sortear tres casas, dos piscinas privadas, un jardín plagado de setas gigantes de plástico y duendes, además de una docena de pastores alemanes que custodian lafinca. Al final del camino, se encuentra un templo con capacidad para albergar 450 personas reconocible por un portón negro y dos grandes cruces invertidas.

Hijo de chamanes de Armenia, capital de Quindío, Rozo comenzó a publicitar sus “dones espiritistas” en redes sociales mientras trabajaba en unos almacenes de calzado. Su gran misión, desbancar a ‘la gran ramera’, como el mismo se refiere a la iglesia católica. Páramo describe la sensación sincrética que supone adentrase en este templo, como reflejo de las múltiples creencias en las que se mueve su fundador: del catolicismo y el cristianismo al indigenismo, pasando por todo tipo de prácticas espiritistas, como lectura de cartas o rituales de santería.

Páramo señala cómo el templo mantiene el primigenio diseño interno de una iglesia católica, visible en las dos sendas de bancos para los fieles que conducen al altar. La decoración, sin embargo, es un despliegue de la iconografía satánica, con el rojo como color predominante y un pentagrama invertido en el suelo. Las paredes son flanqueadas por antorchas que sostienen brazos de bestias y una figura gigante del diablo custodia el altar sosteniendo un tridente con la mano. Representa un fauno sentado en el trono que hace la señal cornuda con los dedos de la otra mano a todos los fieles que se congregan en sus rituales.

5. Sede de la Cienciología en la Costa Oeste (Los Ángeles, EE UU)

Este movimiento religioso que cuenta con rostros famosos como Tom Cruise, John Travolta o el cantante Beck entre sus filas, abrió en 1976 las puertas de su templo más emblemático en Los Ángeles. Ubicado en el número 4833 de la avenida Fountain, se conoce popularmente como The Big Blue, en referencia a la pintura azul cian de su fachada que desdibuja el límite con el cielo.

Y es que este edificio con planta en forma de uve, y guiños a la arquitectura soviética, impone con solo mirarlo. En el centro de sus tres módulos se alza un rótulo de casi dos metros de altura que despeja cualquier duda sobre la institución que alberga. Sobre la azotea, parece levitar el logo de la cienciología, una cruz dorada de ocho puntas que simboliza las diferentes partes que atraviesa un individuo en su vida. Una red de cámaras de seguridad y guardias montados en bici preservan el secretismo de esta propiedad de más de 46 mil metros cuadrados.

Remodelado en 2010 por el estudio Gensler autores de las oficinas de The Washington Post o la Torre de Shanghái, su interior cuenta con una librería, una capilla, un centro de purificación, amplios salones de reunión y el café Pacific donde adquirir sándwiches y barritas de granola. Centro de la organización en la Costa Oeste americana, también alberga la Organización del Mar a la que pertenecen los miembros más dedicados de la iglesia.

Este edificio de 1929 fue diseñado por el arquitecto Claud Beelman para alojar al Hospital Cedars del Líbano de pacientes judíos que sufrían tuberculosis. Considerado como uno de los artífices de la ruta art déco en el downtown angeleno – los edificios Roosevelt y Eastern Columbia son ejemplo de ello–, Beelman edificó esta masa de cemento originalmente en blanco y en perspectiva, aplicando los principios de la estética moderna que reducen la ornamentación en beneficio de la funcionalidad.

“Cuando la iglesia (de la cienciología) comenzó a comprar terrenos en Hollywood Boulevard, la mayoría de los otros inversores habían huido y la calle pertenecía a fugitivos, a la venta ambulante y vagabundos”. En su columna del New Yorker, la periodista Dana Goodyear describe cómo la cienciología aprovechó la pauperización del suelo para adquirir múltiples propiedades y expandir su red inmobiliaria. En el caso del edificio de Beelman, el desembolso se redujo a cinco millones de dólares. “Los turistas llegaban en autocares, veían el Paseo de la Fama y regresaban directamente al autobús. La iglesia de la Cienciología fue una de las pocas cosas que se pusieron en marcha; a menudo, en esos días, las suyas eran las únicas luces encendidas al anochecer”, señala Goodyear.

La cienciología adquirió una larga lista de edificios históricos de la época dorada de Hollywood, acorde con esa mitología del glamour antiguo en el que se había gestado. El célebre Château Élysée de la avenida Franklin fue el primero de ellos. Este edificio de 1927 que emula a un castillo del siglo XVII de la Normandía francesa, fue diseñado por Arthur E. Harvey como residencia de lujo para estrellas de cine, entre ellas, Bette Davis y Ginger Rogers. En 1973 fue adquirida por la iglesia ciencióloga por un millón y medio de dólares para hospedar su ‘Celebrity Center’, un hotel para artistas, políticos y líderes empresarios. En la actualidad, según el portal inmobiliario Curbed, su patrimonio en Hollywood podría ascender a a 400 millones de dólares.

Fundada en 1953 por el escritor americano de ciencia ficción L. Ron Hubbard (1911–1986), la cienciología se proclama como una religión “que se ocupa del espíritu; no simplemente del cuerpo o la mente”, sosteniendo que el hombre es un ser espiritual inmortal “mucho más que un producto de su entorno o de sus genes”.

Catalogada como secta en Francia, el documental de HBO Going Clear sacó a la luz numerosas irregularidades y supuestos delitos que rodean a esta comunidad de 10 millones de devotos por todo el mundo. Basada en el libro ganador del premio Pulitzer de Lawrence Wright del mismo título, la serie narra truculentos episodios vinculados a una obligada desconexión de sus miembros con sus familiares, la creación campos de internamiento y trabajos forzados, explotación infantil, evasión de impuestos… como reiteradas acusaciones que han recibido a lo largo de su historia.

En el plano arquitectónico, en cambio, ese aire kitsch de sus edificios ha generado grandes defensores, en palabras de Goodyear, por ser “una mezcla visualmente muy estimulante de la antigua escenografía Hollywood y de los años setenta”.

6. Rajneeshpuram (Oregon, EE UU)

Un micropaís dentro un de macropaís. La comuna espiritual liderada por Bhagwan Shri Rajnísh, conocido posteriormente como Osho, desarrolló en el estado de Oregon el sueño de cualquier culto: vivir de manera autosuficiente, en absoluto secretismo y sin dar cuentas a nadie. Rajneeshpuram consiguió alzarse como una próspera ciudad con una población anual de 5.000 habitantes, triplicándose durante los festivales del verano con gente que viajaba desde Australia, Sudamérica, Europa y Asia.

Una shangri–la de carne y hueso construido al sudeste de Portland, en las cercanías de un pueblo llamado Antílope. A golpe de talonario, los rajneeshees consiguieron tomar el control político de un pueblo que miró con desconfianza la llegada de estos iluminados de la India, reconocibles por sus vestimentas rojas y alocadas festividades. Para expandir su quimera, adquirieron un rancho de 260 km2 por casi 6 millones de dólares, casi 30 veces su valor estimado de la época. A la hora de justificar sus fuentes de ingresos, Ma Anand Sheela, la secretaria personal del movimiento, confesó en una entrevista a El País que “simplemente, eran buenos para los negocios”.

Y debieron serlo muchísimo, ya que Bhagwan Shree Rajneesh (1931–1990) dejó siempre bien claro que la austeridad no sería precisamente un principio sobre el que basar su conquista mundial de la espiritualidad. Más bien todo lo contrario. Miles de voluntarios impacientes por formar parte de la gran obra de Osho trabajaron durante jornadas de sol a sol para transformar en un tiempo récord un árido pedregal de 25.000 hectáreas. Una fantasía urbanística que albergó varios restaurantes, un hotel, un casino y una discoteca, peluquerías, escuelas e incluso un pequeño aeropuerto. Además de un amplio garaje para alojar los diecisiete Rolls–Royce de su líder, su propio policía armada, un cuerpo bomberos y una sede administrativa.

Un pueblo modélico en apariencia con tantos servicios como trapos sucios en su haber, desvelados en la serie Wid Wild Country producida por Netlix en 2018. El documental de los hermanos Way narra cómo tras sus guirnaldas de flores, tonos mesiánicos y sonrisas perennes se escondería la autoría del primer ataque bioterrorista en la historia de EEUU. La cúpula de la comunidad intoxicó a 750 personas vertiendo salmonela en el bufé de ensaladas de una cadena de restaurantes de Oregon. Su objetivo, incapacitar a los votantes que pudieran impedir que los candidatos rajneeshees ganaran las elecciones del condado de Wasco y así tomar el control judicial sobre su territorio.

Contrabando, abusos sexuales, intento de homicidio… fueron algunos de los cargos que sustentó la comunidad y que puso fin a sus actividades con el abandono del país de Osho en 1985. Dos décadas más tarde, pasó a ser el campamento cristiano de verano Washington Family Ranch, que cuenta con escuelas, piscinas y un parque acuático. Cerrado al público general, solo pueden acceder a sus instalaciones los integrantes del programa espiritual para adolescentes Young Life.

7. Rosicrucian Egyptian Museum (San José, California)

El origen de esta organización secreta es tan difuso como las enseñanzas que engloba su relato. Una mezcla ecléctica que fusiona la filosofía del hinduismo, el misticismo judaico, la alquimia, el ocultismo o la medicina paracélsica, referida a la influencia de los astros en la medicina. “Hay una historia legendaria y otra moderna de la orden”, declaró Raymond Bernard, legado supremo de Rosa Cruz, hace unas décadas en alusión a los comienzos de una orden que para muchos nació en el siglo XVII bajo la leyenda del fundador Christian Rosenkreutz.

Para algunos eruditos, en cambio, la figura del alemán sería más bien simbólica, remontándose el verdadero pensamiento rosacruz a las fraternidades secretas del 115 A.C., que transmitían las leyes y propósitos de la vida en el Antiguo Egipto. Desentrañar su historia, sometida a una existencia cíclica formada por periodos de 108 de actividad y 108 de dormición, resulta tan complicado y hermético como aglutinar a todas las logias y capítulos del mundo en las que se manifiestan bajo las siglas AMORC (Antigua y Mística Orden de la Rosa–Cruz).

Pero por su diseño y peculiaridad, merece la pena hacer una parada en el Museo Egipcio Rosacruz. A pocos kilómetros de Silicon Valley, este edificio de fachada neoclásica fue construido en 1966 para albergar la colección de objetos antiguos y místicos de Harvey Spencer Lewis. Autor de literatura esotérica, Lewis (1883–1939) asumió deliberadamente la misión de fundar la orden de los rosacruces en América para desarrollar sus investigaciones y teorema espirituales por el nuevo continente. En paralelo, realizó numerosos viajes por Egipto, Tierra Santa e Italia, impulsando las donaciones de AMORC para financiar excavaciones arqueológicas como la de Amarna, donde Akenatón edificó su ciudad.

Lewis establecería el Museo Oriental Egipcio Rosacruz por primera vez en 1927 en una de las plantas del edificio administrativo de la orden de San José. Décadas más tarde y ante el aumento considerable de la colección, su hijo mandó construir un edificio en barrio de Rose Garden inspirado en la ciudad antigua egipcia de Karnak. Al inconfundible halo kitsch de sus columnas papiriformes –reconocibles por su capitel en forma de flor de papiro– se añaden estatuas y fuentes alicatadas con símbolos egipcios, además de un planetario, un laberinto y una biblioteca sobre historia egipcia.

Entre su amplio catálogo –más de 4000 artefactos de antiguas civilizaciones, la colección más amplia sobre el antiguo Egipto en EE UU– destacan cuatro momias humanas además de gatos y peces momificados. Tampoco podría faltar una galería dedicada a utensilios y enseres para la alquimia. Abierto a todo el público, con la entrada te dan un pasaporte y una linterna led con la que descubrir los mensajes ocultos repartidos por el museo.

8. Templo de Shakaden Reiyukai (Tokio, Japón)

Esta masa brutalista parece retar a las leyes de la gravedad con su compleja estructura de hormigón armado y acero. Construido en 1975 por Takenaka Corporation, autores del aplaudido complejo de innovación DISC en Tokio y el estadio de Osaka, desde lo alto parece una dilatada sombra sobre la ciudad. Este es el resultado una superficie piramidal de 4.700 m2 que emplaza tres pisos visibles y otros seis bajo tierra. Una especie de nave espacial que cobija la sede más grande de la organización Reiyukai en la capital japonesa.

En su interior, un buda de ocho metros tallado en madera de alcanforero preside el llamado Kotani hall, una sala con una capacidad para 3.500 personas y con un techo cubierto por placas de artesonado y luces. Posee un depósito con 400 toneladas de agua potable para usarlo en caso de emergencia (sin especificar de qué naturaleza).Tanto la fachada como el tejado del edificio poseen elementos de granito oscuro, y se inspiró en las construcciones excéntricas del arquitecto japonés Seiichi Shirai, autor del Museo Shoto y el Noa Building.

Reiyukai o la ‘Sociedad de amigos de los espíritus’, es una moderna religión japonesa que surgió como una escisión laica del budismo en los años veinte. Fundada por una familia de carpinteros, se basa en la práctica del Sutra loto, que predican la fe en el karma y la interdependencia entre los seres, así como el culto de los ancestros y los espíritus.

Proclamados en su web como “una asociación internacional, no lucrativa, cuyo propósito es interesar y animar a la gente, sin distinción de color, nacionalidad o religión, en la construcción de un mundo justo y pacífico”, en la actualidad cuenta con más de cuatro millones de seguidores concentrados principalmente en Japón pero tb fuera en el extranjero. En España, la comunidad Reiyukai existe desde 1978.

Lee más: elpais.com


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