«No tengo respeto por las ideologías ni los ismos»

¿Cuáles son sus intereses como escritora?

Aunque el listado podría ser eterno, tal vez los más acusados sean la política, la violencia, el arte contemporáneo -soy historiadora del arte y comisaria de exposiciones- y la identidad, especialmente la identidad como fruto de las convenciones sociales y la identidad como máscara, como envoltorio que construimos para presentarnos ante los demás o ante nosotros mismos. Tiendo a dar voz en primera persona a personajes que me resultarían muy conflictivos en la vida real, y es ese baile de máscaras lo que más me atrae: a través de la mutación identitaria indago en resortes de mi pensamiento hasta entonces inexplorados. También me interesa trastear y burlar la línea que separa realidad y ficción: entre las páginas de mi novela abundan los artículos y las referencias bibliográficas falsas, que conviven con narrativas ficcionales inspiradas en sucesos de nuestra historia reciente que el lector puede reconocer sin problemas. Todo ello regado, por norma, con un humor que va desde lo perverso hasta lo pop y lo esperpéntico, y que es un ingrediente esencial en mi producción literaria.

¿Y como lectora?

Como lectora me emociona la inteligencia, estar ante el producto de una mente brillante. Me enamoran los juegos formales y los contenidos enriquecedores a nivel intelectual o político, los diálogos agudos, el humor como experimento, el ingenio. Al ser historiadora del arte, entre mis obras predilectas hay muchas en las que el arte contemporáneo y la figura del artista son centrales.

¿Sobre qué temas suele escribir?

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En mis textos de ficción abundan la violencia y el humor, los personajes llenos de dobleces y las ideas políticas. No hago panfletos, mi politización es crítica y a menudo la introduzco de manera caústica, sin reverencias: no siento respeto por las ideologías ni los ismos, ni por aquellos dentro de los que se me puede ubicar. Los lugares y las estéticas son trascendentales para mi imaginación literaria, de forma que mi primera novela es muy visual, casi cinematográfica, con una serie de escenarios que resultan casi tan importantes como los personajes: Robledo de Chavela, enclave de la sierra madrileña en el que se mantiene una base de seguimiento de satélites de la NASA; Beratón, vaciado pueblecito de Soria en el que sitúo un matriarcado ficticio; ese polígono industrial con su casino abandonado y su toro de Osborne descabezado (que existe y está situado en la carretera de Nuez de Ebro, cerca de Zaragoza) o la zona más lujosa de la alicantina Altea. En mis poemas narrativos abunda lo esperpéntico y lo hilarante, con una presencia importante de la cultura popular. Muchos de ellos caducan en pocas semanas, pero no me importa. Obviamente no aspiro a la perpetuidad.

¿Dónde ha publicado hasta el momento?

Fulgencio Pimentel y la Casa Encendida publicaron mi novela de ficción «Historia de España contada a las niñas», y Lumen lanzó «Herstory: una historia ilustrada de las mujeres», elaborado junto al historiador Nacho M. Segarra y la ilustradora Cristina Daura. Pese a la similitud en los títulos, son dos obras completamente distintas. La primera es una novela oscura y algo disparatada, cuyas líneas argumentales se cruzan a base de monstruos de Amstetten, blogs de adolescentes anoréxicas, galerías de arte contemporáneo y una atormentada madre refugiada en el pueblo minero de Tonopah (Nevada), y el segundo es un manual que repasa la historia de la humanidad desde una perspectiva de género, haciendo hueco a temas tan diversos como la educación Montessori, el ritual Sati de las viudas indias o el Afrofuturismo. Además, he autoeditado numerosos fanzines, siendo los más recientes «Quién Coño Es», una pequeña revista sobre arte y género, «Brochetas de Cosas Emocionantes», un collage de humor negro elaborado exclusivamente por mujeres, y «Napalm Springs», un fanzine de pequeños textos de humor muy destroyer hecho mano a mano con mi pareja, el también escritor David Pascual.

¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

No sabría decirlo, responden a necesidades muy diversas. «Quién Coño Es» obedeció a mi interés por construir una historiografía del arte crítica y me dio muchísimas alegrías, igual que los más anárquicos «Brochetas de Cosas Emocionantes» y «Napalm Springs». Son artefactos hechos sin cortapisas, desde la absoluta libertad que otorga la autoedición. «Herstory» me ofreció la oportunidad de construir una «historia de las mujeres» desde una óptica política acorde a mis valores, transfeminista, decolonial y rigurosa, alejada de la sobreproducción de insípidos libros juveniles a base de biografías femeninas que pueblan el mercado editorial, y de trabajar junto a profesionales del nivel del historiador Nacho Segarra y la artista Cristina Daura. Por su parte, «Historia de España contada a las niñas» ha supuesto una sorpresa tras otra en cuanto a galardones (Puchi Award 2018, Premio Cálamo Otra Mirada y Premio de la Crítica Valenciana de 2019 en la sección de Narrativa) pero me hubiera encantado dedicarle más tiempo de calidad, y ésa es una espinita que tengo clavada. Así que, por una cuestión emocional, tal vez me quedaría con mis criaturas de hojas grapadas, aunque a todas las arrullo con el mismo amor.

Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

La escritura ha estado siempre muy presente en mi vida, aunque de forma bastante heterogénea: comencé a estudiar en la Escola Joso de Barcelona con la intención de dedicarme a la novela gráfica, hasta que finalmente en la carrera de Historia del Arte encontré mi territorio y eso me hizo deslizarme hacia el ensayo y la crítica y alejarme de la ficción, que no retomaría hasta una edad más adulta a través de poemas narrativos como los de «Napalm Springs». Aunque la literatura es muy importante en mi vida, también lo son el arte y la gestión cultural, y me dedico a comisariar exposiciones y dar conferencias sobre creación contemporánea con el mismo entusiasmo con el que me entrego a la lectura y la escritura.

¿Cómo se mueve en redes sociales?

Tengo un perfil de Facebook y otro de Instagram que uso bastante -especialmente para promocionar mis presentaciones de libros, exposiciones, conferencias, etc- aunque empiezo a cogerles cierta ojeriza. El uso constante y excesivo del móvil es el zeit geist de nuestra generación, genera un estado permanente de pseudo-ansiedad y destruye nuestra capacidad para concentrarnos. Así que, pese a lo que dicta la contemporaneidad, creo que fomentaré esa aversión en mi beneficio y me alejaré de la hiperconexión todo lo posible.

¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

Con mi pareja tengo un mini proyecto editorial, Ediciones Motocobra, a través del que hemos publicado algunos fanzines, y ahora mismo estoy intentando sacar adelante un ciclo de conversatorios sobre ensayo en Valencia. Procuro acudir a todas las presentaciones de libros que puedo y soy asidua, bien como público, bien como participante, a festivales de autoedición como Tenderete. Pero sobretodo, leo. Priorizo completamente el consumir lectura sobre el producir textos.

¿En qué está trabajando justamente ahora?

En un relato para una antología de Temas de Hoy, un sello de Planeta, en la que estoy encantada de participar.

¿Cuáles son sus referentes?

No sabría citar referentes concretos, pero está claro que hay libros que te marcan de una forma particular, que configuran tu sensibilidad y tu manera de entender la vida y el arte. En mi caso, algunos serían «Las Horas», de Michael Cunningham, «El Maestro y Margarita», de Mijail Bulgakov, «El mundo deslumbrante», de Siri Hustvedt, «Mujer Casa», de Jean Fremon, el «Ulises» de Joyce… tienen en común una narrativa desestructurada, estilo collage, y una presencia importante del arte y el género. Pero consumo obras de todo tipo. La última joya que he leído es «La edad del desconsuelo», de Jane Smiley, un pequeña maravilla publicada por Sexto Piso.

¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

Me dejó en auténtico shock el último libro de Cristina Morales, «Lectura Fácil», una obra radicalmente genuina, escrita con tanta soltura y agilidad que invita a interrumpir la lectura para aplaudir. Me generó tanto entusiasmo como envidia sana, si es que algo así existe. No he leído nada que se le parezca. Por otra parte, soy muy devota de los posmodernos y divertidísimos «Una Pequeña Llama en Mitad de un Terrible Incendio» y «Saber Matar», del autor valenciano Mr. Perfumme, de lo más insólito de la narrativa española actual. También me enamoran los poemas de Iván Rojo, con su extraña épica de extraradio, y los artículos de Elías Barasoain. Hay gente en España generando obras realmente singulares, sin olvidar la labor de editoriales como Antipersona o librerías como La Otra en Albacete, que refrescan y ventilan el ámbito de la literatura y el ensayo.

¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

¿Qué aporto yo? No tengo ni la menor idea, tal vez nada. Pero a mí me aporta mucho este saturado panorama, especialmente gracias a una librera de confianza -algo que todos deberíamos tener- y unos gustos muy definidos que me guían entre esos 70.000 libros -¡70.000!- que se publican al año en nuestro país.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

No vivo de la literatura -trágicamente, eso es casi un oxímoron- ni aspiro a tal cosa, pero he hecho cosas bastante estrafalarias para sobrevivir dentro del mundo cultural. La primera, que afortunadamente ya he podido dejar de lado, es aceptar trabajos no remunerados para recibir a cambio una supuesta «visibilidad». Trabajar gratis y dar las gracias. ¿Qué puede haber más raro que eso?

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