No soy yo, eres tú

En la gestión de la pandemia se combinan la mirada a corto plazo, el wishful thinking y la obsesión por evadir la responsabilidad. Se trata de minimizar cualquier participación en lo que sale mal y apropiarse de lo que parece funcionar (durante unos segundos). A nivel autonómico y estatal, se presentan medidas reales o ficticias como si fueran soluciones: el anuncio es lo que cuenta; si alguien se acuerda cuando no salga adelante queda la apelación a las buenas intenciones. Otras veces, se presentan como novedades cosas que ya estaban previstas: desde contrataciones hasta mecanismos del estado de alarma. Ciertas medidas pueden ser deseables, pero su eficacia para combatir la expansión de la enfermedad es dudosa, como la regulación del tabaco. Demócratas escrupulosos celebran el uso de una situación excepcional para impulsar un fin tangencial si coincide con sus preferencias o quien lo impulsa les resulta simpático.

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