“No me hagas daño”

Todo es frágil y ahora aún más. “El rostro humano, por ejemplo, está hecho para mirar al otro, para contemplar su rostro. ‘No matarás’ es como el cumplimiento de la mirada, los ojos dicen ‘no me hagas daño’. Esa es la base de nuestra humanidad. Y ahora vamos por la calle y nos acostumbramos a vernos todos embozados, con esa especie de desconfianza que nos hace ver al otro no como alguien que puede ampliar el rango de libertad, sino que viene a entorpecerlo y debilitarlo. Ulises venía de fuera con historias extraordinarias que todos deseaban escuchar. Esas historias no te hacen más fuerte, pero son tan importantes: te hacen más sabio, más civilizado, más alegre, más amante de la verdad. Todas estas historias se han contado miran do al otro”. Quizá este tiempo ha dado valor a los ojos. “Pero no sabemos mirar; el mundo oriental sí ha conservado ese valor. Cada vez que damos con alguien, en Occidente, rehuimos sus ojos, nos parece de mal gusto fijarnos: hemos perdido la capacidad de mirar a los demás. Y, ahora, con el rostro tapado, hablamos y contamos, pero estos gestos pueden significar que ya el rostro no cuenta, que ya no dice nada, que no dice ni qué quiere”.

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