¡No es un hombre, es un sistema!

Hace unas semanas, gracias al encargo de un prólogo para la edición norteamericana de Vintage Classics, volví a leer La vorágine (1924), la gran novela de José Eustasio Rivera sobre la explotación del caucho en la cuenca del Amazonas a comienzos de siglo XX. Resulta al menos curioso que esta novela haya sobrevivido y se siga publicando sin interrupción, pese a haber sido despreciada durante décadas por la crítica y la mala fe de algunos célebres lectores. Carlos Fuentes y Vargas Llosa se ensañaron contra ella y la mostraron como ejemplo de unas formas narrativas caducas, ligadas a un supuesto provincialismo que el Boom supo utilizar como hombre de paja en su operación mercantil global. Todavía hoy uno debe soportar con paciencia que algunos colegas despotriquen del libro o del tema de la “selva” y “la naturaleza” utilizando los eslóganess que la propaganda del Boom convirtiera en sentido común literario. La estrechez crítica se ha contagiado hasta Wikipedia, que describe la novela de Rivera como obra “costumbrista”.

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