No es lo mismo

Lo que le faltaba a la sanidad gallega es que se colara en esta alborotada fiesta de colectivos en huelga, de sindicatos dándose codazos por el protagonismo, de oposición olisqueando sangre para disparar, una médico anunciando que por los pasillos de las urgencias de un hospital mueren pacientes sin atención. Porque eso, y no otra cosa, fue lo que Fátima Nercellas quiso dar a entender el pasado viernes en la pseudocomisión que la izquierda ha abierto en el Parlamento para hablar de sus cosas, y de paso, mercantilizar el dolor de familiares de víctimas y hacerle el caldo gordo a cuanto cabreado hay en el sistema público de salud.

El mensaje era, insisto, muy claro: los recortes en personal habrían derivado en que los enfermos lleguen a los hospitales y expiren en los pasillos faltos de toda atención facultativa. Este es el mantra que la izquierda repite una y otra vez a la espera de que alguien se lo compre, y aquí que aparece una profesional de la sanidad a darle pábulo a esta mentira grosera. Porque no es lo mismo decir que muere gente en el pasillo a que puede haber retrasos en la atención pero fallecen horas después bajo estricto control médico. No, no es lo mismo.

La consideración de esto como mentira no es una aportación al debate de este periodista, sino el propio reconocimiento de la doctora Nercellas, que en apenas 24 horas se ha hecho una enmienda a la totalidad de su discurso, hasta el punto de acabar reconociendo que estas dos personas no murieron en pasillo alguno y sí fueron atendidas por compañeros suyos del servicio de Urgencias, y fallecieron bajo la atención de médicos del hospital. Recordemos: dos pacientes de más de ochenta años con varias patologías. ¿Puede esta doctora afirmar que el deceso es causa de una hipotética tardanza en la atención? ¿Va a presentar los expedientes clínicos que así lo acrediten? ¿O está aprovechando que estos datos son especialmente reservados y no pueden exhibirse ante la opinión pública para desmontar esta mentira?

Podrían decirse varias cosas sobre esta polémica. Por ejemplo, que el personal de las Urgencia del CHUS bien podría ser más nutrido si los sindicatos hubieran convocado con una mayor antelación la votación en asamblea de la propuesta planteada por el Sergas para acabar con una huelga en el servicio injustificadamente alargada, y que esta propuesta hubiera sido aceptada, con el consiguiente refuerzo de medios humanos. O que el jefe de cardiología del mismo hospital, el doctor Juanatey, ha recordado que en el Clínico y sus urgencias han sido galardonadas por el tratamiento y atención en esta especialidad, precisamente cuando uno de los pacientes de esta mentira habría fallecido por una insufienciencia cardiaca.

Seamos serios. Para bien o para mal, la gente que entra en las Urgencias de un hospital lo hace —o debería hacerlo— porque su estado de salud es grave. Y en el amplio abanico de posibles finales para estos pacientes, uno es el peor desenlace posible. Negarlo es necedad. Articular el discurso político de que los (falaces) recortes en la sanidad matan a ciudadanos es una inmoralidad solo al alcance de unos pocos indecentes. Hoy hay más gasto sanitario que en ningún otro momento de la historia de Galicia, los más modernos medios, los profesionales mejor preparados. ¿Es todo perfecto? ¿Funciona todo como un reloj suizo? En absoluto, hay evidentes deficiencias. Pero no pueden usarse para echarles muertos a la espalda de este gobierno o del que sea.

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Podrán imputársele infinitos defectos a este presidente de la Xunta o a sus antecesores. Pero todos ellos sabían que con la sanidad no se juega, aunque solo fuera por un espurio cálculo electoral. Afirmar que se recorta por ideología y que se juega con la vida de la gente, además de un embuste tóxico, es ir contra el sentido común. Pero estamos en campaña. La barra libre ha llegado. La razón abandona a los irracionales. Sálvese quien pueda.

José Luis JiménezJefe de secciónJosé Luis Jiménez

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