Neymar y las bajas pasiones

Fútbol a pesar de todo. Al fútbol pandémico le conviene la televisión. En estas condiciones es más agradable verlo en el sofá de casa que en los estadios. Un campo de fútbol es un juguete grande que funciona con las pilas de la ilusión humana. Es esa pasión carnavalesca la que le da vida al juego infinito. Por esa razón, ir a Valdebebas, cruzada por el viento invernal a las nueve de la noche, para ver al Real Madrid en un estadio vacío, tiene más de cruda realidad que de juego, más de inhóspito que de festivo. Es el balón, juguete pequeño e infalible, el que cuando empieza a rodar nos recuerda que estamos ante un partido de fútbol. Pero es necesario hacer un esfuerzo mental para dotar de seriedad clasificatoria a lo que estamos viendo. No me gustaría ser jugador de este fútbol, por eso valoro tanto que todo esto siga adelante.

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