Mujeres en pandemia: más contribución, menos igualdad

Conseguir que la vida cotidiana funcione pese a los riesgos sanitarios de las sucesivas olas de la pandemia es un reto colectivo. Es esencial que cada mañana las niñas y niños vayan al colegio; que el comercio, las farmacias, los mercados, estén abiertos, con estanterías llenas; que no solo la sanidad, sino también el resto de servicios públicos funcionen. En este contexto, destaca la centralidad de los cuidados. Sin cuidados no resolvemos la salud y el bienestar, y sin salud no recuperaremos la actividad económica; sin atender las emergencias sociales, la recuperación es aparente pero parcial, solo para unos pocos. Esta situación hace más evidentes las enormes carencias de los servicios públicos de salud, educación y atención a la dependencia, tras diez años de políticas de austeridad y recortes que hicieron recaer esta carga sobre los hogares, es decir, sobre las mujeres. Cada vez que se elimina una beca de comedor, hay una mujer que tiene que dejar de trabajar, o pasar a jornada parcial, para hacerse cargo de preparar la comida de sus hijos.

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