Muere Harold Bloom, el mítico estudioso del canon literario

El crítico literario más influyente de su tiempo falleció ayer, después de una larga vida consagrada a defender el canon de la literatura occidental frente a lo que él mismo bautizó como la «escuela del resentimiento», entendida como el asalto contra las élites intelectuales del feminismo, el marxismo, el estructuralismo y todos los «ismos» derivados. Harold Bloom deja como legado una nutrida obra sobre el canon occidental y una asombrosa capacidad para colocar en las listas de libros más vendidos sus volúmenes sobre teoría literaria.

A Bloom (Nueva York, 1930) se le recordará sobre todo por su libro «El canon occidental», publicado en 1994 y consagrado a analizar la obra de 26 escritores a los que él considera la médula de la tradición literaria occidental, entre los que destacan Shakespeare, Dante, Cervantes, Dickens, Freud, Proust, Kafka y Borges. Frente el canon, Bloom situó una escuela centrada en atacar a esos autores por criterios distintos a los literarios, como el género (feminismo), la raza (etnicismo) o la clase social (marxismo).

En esa obra seminal, que se coló en la lista de libros más vendidos de EE.UU., Bloom lamenta que, dominados por esas ideologías, los estudiantes de literatura se estén convirtiendo en «políticos aficionados, sociólogos desinformados, antropólogos incompetentes, filósofos mediocres e historiadores culturales acomplejados». Teme, en suma, que en el futuro sólo critiquen la literatura quienes estañan «resentidos o avergonzados de ella, o simplemente no les gusta leerla», víctimas de ideologías de clase, género o raza.

Ante todo, Bloom era un elitista confeso y un provocador, alguien que llegó a proclamar: «Yo soy el verdadero crítico marxista, pero seguidor de Groucho, no de Karl, ya que como él mi lema es que me opongo a todo».

En el centro del canon, Bloom sitúa a Shakespeare, cuya influencia fue tal que el resto de genios literarios, de Molière a Beckett, se definieron por su posición frente al bardo, incluso a través de sus intentos de romper con él. En su lista de autores canónicos hay también mujeres: Jane Austen, Emily Dickinson, George Eliot y Virginia Woolf. De hecho, Bloom llegó a afirmar que partes del Antiguo Testamento fueron escritas por una mujer.

La primera gran aportación de Bloom al mundo de la crítica literaria fue el concepto de la «angustia de la influencia», detallado en un libro con ese mismo título de 1973. Desde Shakespeare, el canon ha ido heredándose, mientras los discípulos han tratado de mantener un angustioso equilibro entre el homenaje y la ruptura, la tradición y la originalidad. Según ha dejado escrito Bloom: «La influencia es simplemente la transferencia de la personalidad, un modo de obsequiar con lo que es más precioso para uno mismo; su ejercicio produce un sentido y, quizás, una realidad de pérdida».

Hijo de judíos ortodoxos emigrados de Rusia, Bloom se licenció por Cornell y se doctoró en Yale, una universidad en la que enseñó y a la que estuvo afiliado hasta el momento de su muerte. Estaba casado y deja dos hijos.

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