Mucho sexo, mucha polémica y millones de ‘fans’: ¿qué tiene ‘365 días’, la película más vista de Netflix en España? | ICON

Si a estas alturas no sabes quién son Massimo y Laura, es que no has frecuentado las redes sociales en la última semana. Ellos son los protagonistas de 365 días, el filme que se anuncia como la nueva 50 sombras de Grey polaca” y que está arrasando en Netflix.

La historia, adaptación de la novela de Blanka Lipińska, está protagonizada por un mafioso italiano llamado Massimo (Michele Morrone) con una obsesión enfermiza por quitarse la camiseta en cualquier ocasión. Teniendo en cuenta su físico privilegiado y el tono de la película no se le puede culpar. La protagonista femenina, Laura (Anna Maria Sieklucka) es una ejecutiva polaca cuya cara fue lo último que Massimo vio antes de que mataran a su padre, así que se obsesiona con ella hasta tal punto que decide secuestrarla y le da 365 días para que se enamore de él. Si no lo consigue, la dejará en libertad. Un tipo generoso.

No son necesarios los 365 días para que ella se enamore, claro, y para que retocen en todo tipo de lugares exóticos y adinerados, en diversas posturas y con ciertos elementos explícitos (no falta el sexo oral, la saliva usada a modo de lubricante y diversos planos que, conociendo a su público potencial, se recrean en él más que en ella).

La historia del secuestro de amor es tan vieja como el mismo amor. Recordemos, por ejemplo, a Zeus, todo un maestro en el tema de disfrazarse para seducir a las bellezas mediterráneas. O ese rapto de las sabinas que inspiraría a los Pontipee a secuestrar a las bellezas en Siete novias para siete hermanos (Stanley Donen, 1954). En cine, probablemente la cinta seminal fuera El coleccionista, de William Wyler, peliculón de 1965 basado en un novelón de John Fowles con mucha mala leche y lectura política. La película fue revisitada con un toque muy cañí por Pedro Almodóvar en ¡Átame! (1990).

Comparar 365 días con esas obras maestras está fuera de lugar, pero no por eso esta que nos ocupa y que está arrasando en Netflix carece de méritos. 365 días es un monumento kitsch: coge la base del thriller erótico tal y como lo definió Adrian Lyne en Nueve semanas y media y lo actualiza para los tiempos que corren, con un estilo a medio camino entre vídeoclip de Maluma y La isla de las tentaciones. A eso se le añaden ¡hasta tres! escenas de compras en tiendas caras a lo Pretty Woman. Y hay otra escena de sexo en un barco, en plano cenital y rodada con drones que fluctúa entre lo sublime y lo ridículo.

Carlos Marañón, director de la revista Cinemanía, apunta sobre 365 días que: “Cinematográficamente, la película no va a pasar a la historia. Pero es evidente que tiene un gran interés social y demuestra hasta qué punto el consumo doméstico está modificando las ideas que teníamos preconcebidas acerca de los espectadores”. En la base de datos cinematográfica iMDB, por ejemplo, le dan duro con una valoración de 3,6 sobre 10.

¿Entonces, por qué ha triunfado? La hipótesis más extendida es que debe buena parte del éxito a la alianza de dos de los grandes triunfadores del confinamiento: el streaming y TikTok. Empecemos por la segunda: la aplicación se ha llenado de vídeos de fans recreando sus escenas más tórridas en clave cómica bajo el hashtag #365days. La lucha contra el aburrimiento se ha expresado con un estallido más o menos afortunado de creatividad. Especialmente exitosos han sido los que se basan en las reacciones de los espectadores frente a las escenas de sexo. Más de 200 millones de reproducciones demuestran su éxito.

Sonia García, psicóloga y sexóloga autora del libro Los enemigos del sexo. Una guía práctica para eliminarlos de tu vida (Editorial Letrame) cree que el éxito del filme es coherente con el algoritmo de Netflix: “El sexo interesa. En muchas ocasiones y en muchos asuntos relacionados con el sexo se trata este como tema tabú debido a la falta de educación sexual y los mitos relacionados con ello, pero es un hecho que él interesa y además vende. Solo hay que dar un repaso a las series de Netflix y ver que en prácticamente su totalidad el sexo está presente en mayor o menor medida”.

De hecho, la película se estrenó en los cines polacos en febrero, obteniendo una nada desdeñable recaudación de 9,5 millones de dólares, pero ha sido su estreno en Netflix el 7 de junio lo que lo ha convertido en un fenómeno global que encabeza las listas de lo más visto de la plataforma en países tan dispares como Arabia Saudí, Países Bajos, Alemania, Suecia, Turquía… y sí, también España.

Es evidente que la película es problemática. Se la ha acusado de ver la violencia de género como algo romántico y banalizar el síndrome de Estocolmo. Y no creo que su directora, Barbara Białowąs, se ofenda si se la acusa de machista. Y, sin embargo, triunfa (y mucho) entre las mujeres, como hace nada lo hacía 50 sombras de Grey. Para Sonia García este tipo de películas “es la excusa perfecta para poder probar nuevas experiencias sexuales y proponérselas a la pareja con la excusa de ‘vamos a hacer cosas que salían en la peli’. Es más, el que la gente se excite o fantasee viendo la película les abre el abanico de posibilidades de disfrute y placer erótico”.

Una opinión que también comparte con Raquel Graña, sexóloga que acaba de publicar el libro Sex-On (Editorial Vergara): “Se encuentra la motivación del morbo, de lo nuevo, de la excitación, el vivir otras experiencias y probar con los límites del juego. Al final, todas las vivencias eróticas nos enriquecen mientras sean vividas desde el placer. Experimentar es genial y descubrir cosas nuevas también, así siempre tenemos recursos con los que contar. También hay que dejar claro que la diversidad es un hecho, que es importante abrir la mente y decidir libremente qué nos apetece probar y qué no”.

365 días es el primer tomo de una trilogía escrita por Blanka Lipińska. Muy mal se tendrían que dar las cosas para que las otros dos novelas no estén ya a punto de rodarse. Y para que no vuelvan a arrasar entre unos espectadores que salen de su confinamiento, pero parecen adorar los confinamientos ajenos si es con un apuesto italiano de pelo engominado.

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